Grupo: MetroRock´07
Sala: Parque Juan Carlos I (Madrid)

Una edición más el capitalino MetroRock vuelve a ser ejemplo de organización como macrofestival. A un evento sónico de abultadas dimensiones, como el que nos atañe, uno le pide cumplimiento de horarios, buen sonido, servicios de bebidas y evacuación de ellas accesible y rápida y, sobre todo, comodidad a la hora de visionar las actuaciones. Pues, repetimos, el MetroRock puede enorgullecerse de todo ello. Lo dicho y que las verdes hectáreas del Juan Carlos I son de lo más mullidas, hace que, año tras año, sea una gozada formar parte de las decenas de miles de aficionados a la música que por allí pululamos.

Como le tuvimos que meter kilómetros de furgoneta al tema para llegar y, encima, habíamos tenido la mala suerte de salir el día anterior hasta las tantas, pues como que, entre que nos tomábamos unos equilibrios en forma de cerveza y recogíamos las acreditaciones, llegamos tarde. Las actuaciones habían comenzado a las 16:30 de la tarde y nuestros gaznates no asomaron por el recinto hasta bien entradas las 19 horas; premisa por la que tuvimos que eliminar de nuestras ilusiones la posibilidad de ver a media docena de grupos. Lástima por los paisanos de Uzzuhuaïa y, sobre todo, por el punk electrónico y pegadizo de Mendetz…otra vez será. Y entrando ya en harina, nos desplazamos hacia el inmenso escenario Movistar; allí gritaba desafortunado y chirriante el vocalista de Billy Tallent. Lo cierto es que no nos entró de primeras el hardcore exageradamente teatral y gótico de este grupo que así de pasada no enganchó para nada.

Pero esto es el MetroRock amigos y para cambiar radicalmente de tercio, únicamente hay que andar 3 minutos y ya estábamos en el escenario Parque (algo más pequeño, sin serlo, que su enfrentado Movistar). Por aquí las camisetas siniestramente negras dejaban paso a neojipismo de la estética del mestizaje; iba a comenzar Canteca de Macao y con ellos nuestra primera alegría de la tarde. Ahora le llaman mestizaje y ellos, tras Ojos de Brujo, parecen ser los emisarios de la etiqueta; pero si nos centramos en lo musical, el multitudinario grupo madrileño hizo bailar a los presentes de lo lindo objetando ritmos que sonaron a ska, rumba, hip hop, pasando por el mismísimo rock. Vocalista desenfrenada y malabarista showman colaboraron en una fiesta que se dispensaba todavía bajo la luz de “lorenzo”.

No sé si será porque la gente que me acompañaba era de mercadas preferencias “Escenario Parque”, porque sol pegaba como para no vestirse de negro o porque el Sevilla había ganado la Copa del Rey, pero pronto decidimos que, y tras un refrigerio, nos quedaríamos en “el Parque” ya que eran las 21:40, y en breves comenzaba La Excepción. Con letras jugando siempre con el humor pero que reflejan realidades sociales como puños, “Gitano Antón” y “El Langui” se turnaron a los micros dejando paso, por momentos, a uno de sus coristas para mezclar todo aquello con el pop más comercial. Y es que La Excepción se mueve dentro del hip hop mainstream, pero ello no quiere decir que no enganche y haga contorsionar el cuerpo de esa manera que sólo la música negra, y que tiene en Harlem a su meca, puede. ¿Saben como les digo? Pues no paren de decir sí con la cabeza y ¡voilá!.

Pero había que cubrir el evento, ver un poco, aunque fuera, de todo; así que a correprisa, nos dispusimos a cruzarnos de escenario y allí seguían, pálidos y excitados, los amigos siniestros. Pero esta vez a los Billy Talent los habían sustituido uno de los platos fuertes del festival: My Chemical Romance. No diré nada en contra de ellos por falta de conocimiento- aunque todo el mundo sabe que esta es una crónica subjetiva- y ganas. Tan solo dejo que, lo que a mi se me antojó como una comercial muestra de pop gótico, lo juzguen los amantes del nu-metal y el rock gótico de pura cepa…seguro no serán menos crueles.

Y fue de noche cuando Muchachito Bombo Infierno se dispuso a calentar (que juego de palabras más malo-sorry-), a los pocos que aún no lo estaban. Esto seguía siendo mestizaje y la fórmula era acertada pero la misma: muchos músicos encima del escenario y “Muchachito” allí, en frente de todos, rascando su guitarra acústica hasta hacer desfallecer al más pintado. La oscuridad de la noche y el incesante devenir de la rumba roquera del grupo nos adentró en una placentera perdición que, aún lo sabíamos, pero se culminaría poco más tarde y en el escenario rival.

Porque “el muchacho infernal” no lo sabía, pero su concierto se solapaba con el de Bad Religion, y claro: todo el mundo tiene un pasado. Sí, ¿qué pasa? Escuchaba Bad Religion sin parar hace una decena de años…y Lawagon, Green Day, Offspring, Pennywise…y hasta Extremoduro (lo sigo haciendo)…¡qué cojones! Desempolven una de esas cintas de cassette que están criando malvas en el fondo de su sucia estantería y rememoren esos grupos que escuchaban hace lo que parece siglos. Verán, o es mi caso, como se han convertido en unos moñas…

Todo este rapapolvo para decir que nos piramos, emocionados y nerviosos, al escenario Movistar a ver a Bad Religion. Salieron los californianos tras una decoración y discurso anti la nueva Norteamérica (bandera de barras y estrellas distorsionada incluida) para demostrar, ya de primeras, que pese a los años las revoluciones iban a ser la siempre. Si bien es cierto que a algunos del grupo se les notan los puñeteros años- en el aspecto físico digo- No me refiero a Greg Graffin que- pese a haber ganado unos kilos y perdido otros tantos pelos- se movía y hacía gala de voz en el escenario como si no hubieran pasado los más de 25 tacos que sí lo han hecho. Mención especial a Jay Bentley que sigue bello y rockero, como si ná.

En lo musical ya saben: punk rock melódico del bueno, del primigenio…y no todas las copias baratas que se hacen ahora. Es decir: canciones de no más de cuatro minutos, con estribillos pegadizos y melodías más afiladas que las miradas químicas de algunos a esas horas que ya eran- pasada la 1-. Su nuevo trabajo “New maps of Hell” apareció, claro que sí, pero yo me quedo con clásicos como «Punk rock song”,”Generat”, “Los Angeles is burning” y, claro, “American Jesús”, la cual interpretaron de principio a fin sin respiro…una gozada.

Gran momento en el que me abstraje y observé a la gente que a mi alrededor disfrutaba de los cuarentones Bad Religion: gente de treinta y tantos coreando todas las canciones como si tuvieran veinte recién cumplidos…Sólo la música puede conseguir eso. Cassettes llenos de polvo que se perderán entre armarios y más polvo…Me quedo con eso.

Para rematar la faena y mi maltrecho físico, quedaban Los Delinqüentes; si el buen rollo tuviera un reino, el dúo jerezano serían Juan Carlos y Sofía. Con el sonido garrapatero por bandera y con el aforo hasta el idem, Marcos del Ojo y Diego Pozo se llevarón el premio al concierto más celebrado y festivo de esta edición de MetroRock. Y así, despidiendo a la «Primavera Trompetera» y diciendo hola al verano, nos recogimos, satisfechos y exahustos en una noche de San Juan.

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