No supone a estas alturas ninguna novedad desvelar lo conseguido por Sr. Chinarro a lo largo de su carrera. Tampoco que en la actualidad cuente con el respeto casi, casi reverencial de la afición al género porque de ello es una prueba la entrada de lleno a rebosar de El Loco, un jueves más de estos tiempo de crisis. Lo que sí lo es —una novedad, aunque cada vez menos— es que la asepsia de Antonio Luque va relajándose entre la fina ironía tan sevillana como de ninguna parte.

“Tened cuidado ahí fuera”, con esta frase se despidió definitivamente tras atacar con moderada intensidad, patada incluida a la silla, la genial ‘Gitana’, que bien podría tener categoría de saeta pop. Era el la conclusión tras una hora de concierto y dos generosos bises en los que Sr. Chinarro puso en evidencia la calidad de un repertorio ya bendecido por público y crítica e interpretado por un banda más que solvente.

Desde las primeras estrofas la guitarra de Jordi Gil aportó el brillo pop y sonó tan nítida como era necesario, bien complementada al bajo por Javi Vega y Pablo Cabra a la batería. El ejército —aunque luego se cantase aquello de “yo no soy militar”— está perfectamente reunido para dar cancha a un repertorio que se ha amoldado a las nuevas formas de Sr. Chinarro de hacer, decir y contar las canciones.

Porque esa es la principal característica, tras 12 álbumes, desde El Fuego Amigo hasta último Ronroneando, que Antonio Luque hace, canta y dice sus canciones de otra manera, más inteligible en todos sus aspectos que hasta las viejas se adaptan hasta donde les es posible.

El recorrido del concierto deambuló con firmeza y siempre de más a mucho más por canciones como, entre otras, ‘El gran poder’, ‘Los amores reñidos’, ‘San Antonio’, ‘Tímidos’ o ‘La Resistencia’ del último; ‘Esplendor en la hierba’, ‘Del montón’ o la campera —que sirve ya de paso para colocarle la etiqueta al último Sr. Chinarro de pop campero— ‘El lejano oeste’ de El Mundo Según.

Y para cuando llegaba el momento subir listón y demostrar todo aquello que se le supone a un primer espada, se arrimó a ‘El peor poema’, ‘Dos besugos’ o ‘El rayo verde’ de El Fuego Amigo, una vuelta a lo más reciente con ‘El alfabeto morse’ en intento de adoptar un registro de tristeza cuando ya era imposible por la complicidad y el concierto todos sabían que merecía un final enérgico. Fue entonces cuando aparecieron por necesidad la penúltima preciosidad de Luque, ‘Los ángeles’, ‘Quiromántico’ con el esfuerzo del índice apretando el traste por culpa de echar mano de cejilla demasiado moderna que no funcionó y que acabó regalando; y por último la patada a la silla y esa, con permiso, saeta pop que es ‘Gitana’ para prender fuego a todo alrededor y advertir sobre los cuidados que hay que tener afuera, donde no todo destila chinarrismo puro. Lamentablemente.

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