Grupo: Christina Rosenvinge
Sala: Sala Mirror

El concierto que el pasado jueves dio la cantautora madrileña en la Sala Mirror fue el pistoletazo de salida de una pequeña gira que llevará a la autora de Tu labio superior por diferentes ciudades de la geografía española presentando su nuevo álbum de estudio, La joven Dolores, tras haberlo hecho ya en formato acústico en las tiendas fnac.

La mitad del aforo de la sala, sin llegar a abarrotarse, compuesto principalmente por seguidores del ya largo recorrido de la Rosenvinge (me remito a la media de edad), confirmaba el grupo de fans entre los que se mueve la artista. Aún así, pudiendo dividir su trayectoria musical en tres o cuatro etapas bien diferenciadas, el gentío de adeptos aguardaba con ganas escuchar en directo principalmente temas de sus dos últimos discos.

A las diez en punto de la noche, sin retrasarse ni un minuto de la hora, subió al escenario Christina Rosenvinge acompañada de su “mano derecha” Charlie Bautista a la guitarra, Gabriel Marijuán a la batería (ambos miembros de formaciones como Tulsa) y un nuevo músico que se integraba la noche del jueves al acompañamiento en directo de la madrileña durante -al menos- esta gira: “Chumi” en las cuatro cuerdas, integrante en los conciertos de Anni B Sweet entre otros. Parece ir la cosa de Mujeres.

“Jorge y yo” fue el tema con el que empezaron el concierto. Estos primeros minutos demostraron que estábamos ante el primer concierto de una gira que aún precisaba un poco de rodaje para alcanzar la frescura y complicidad que se espera de unos músicos de su talla. Christina, en un descuido de “patosería”, perdió de entre sus manos la guitarra al separarse la correa del enganche, momento del que salió con un delicado y frágil “¡uh!”. A pesar de este intrascendente incidente, el transcurso de las canciones puso a los músicos en el lugar que se merecen, creciendo el concierto en intensidad y soltura.

Alternando la guitarra eléctrica con la acústica, y más tarde con el teclado, Christina fue desgranando muchas de las canciones de su último disco, intercalando de vez en cuando algunos de los temas más carismáticos de Tu labio superior como “Eclipse” o “A contrapelo”. Fueron justo las canciones de su disco anterior las más coreadas e -incluso- bailadas entre el público. Nada de extrañar al tratarse de un disco más acelerado y con letras más pegadizas.

Tras sonar “La distancia adecuada”, uno de los momentos más aclamados de la noche, la banda se despidió para realizar un breve descanso. Pocos minutos después, los músicos reaparecieron en el escenario con “Nickel song” de su álbum Continental 62, única canción que la madrileña interpretó de su fallida etapa neoyorquina.

Estando el concierto en su momento de mayor intensidad, tras haber tocado ya con gran esplendor muchas de las canciones de su último disco (“Debut” o “Mi vida bajo el agua”), los músicos aprovecharon para realizar el último descanso.

Entre aplausos volvió a subir al escenario Christina, esta vez sin guitarra ni teclado, junto a Charlie Bautista, que acompañó a la guitarra acústica la dulce voz de la madrileña interpretando “No lloro por ti”, canción que forma parte del disco conjunto que grabó con Nacho Vegas hace unos veranos. En ese momento se oyó entre el público un grito que decía “¡Falta Nacho!”; comentario que Christina recibió con una tímida sonrisa.

Una Rosenvinge frágil, tierna y delicada supo enamorar a los que allí nos dimos cita. La hora y media que duró el concierto se quedó corta. Se echaron en falta algún tema de su etapa junto a Los Subterráneos que habría hecho la ocasión aún más especial. “Canción del eco” fue la escogida para finalizar el concierto. Una gran elección, pues supo brillar con luz propia, acompañada por los coros que el público regaló a la cantante, culminando con ese “te quiero” reiterado en eco que cerró la ardiente complicidad entre los asistentes y Christina.

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