Cuando hay cancionesQuique Medina 4 junio, 2009 Esta crónica debería ser tan breve, sencilla y emocionante como lo fue el concierto que pretende reflejar (40 minutos y piel de gallina). Se intentará. Cuando un grupo tiene buenas canciones el resto no tiene demasiada relevancia. Unos coloquios de “Como gastar el Dinero que no tienes” provocaron que el envite comenzara una hora más tarde de lo anunciado y, lo más importante, seccionó la prueba de sonido de una banda que, además, se estrenaba en directo. Pero como he dicho antes (y la frase no es mía) cuando una banda tiene algo que decir todo pasa a un segundo plano. Tortel, pese algún pequeño desbarajuste sonoro y un punto de improvisación, dijo mucho en muy poco tiempo. Un leve comienzo instrumental ya avisó de que la conexión de este combo fraguado en la amistad, lo estrafalario y el arte puede hacer cosas de una ingenua preciosidad. Polivalente Rafa Estrela que sacó diversos sonidos y ritmos a la variada y simple percusión; Gilberto Aubán “Gilbertástico” (teclados, melódica y coros) volvió a convertirse en gregario de lujo feliz para hacer de sus dedos extremidades del corazón; el eco de Joaquín Pascual y su acariciar de guitarra lo reconocimos a leguas. Quiso Pascual mostrarse negro (como su camisa) y hierático durante el concierto, pero los que estuvimos cerca bien sabemos que se le escaparon sonrisas de complicidad con su querido y también discípulo Jorge Pérez que en este caso se colgaba la acústica, en algún tramo el ukelele y llevaba una voz cantante que cada día conoce y utiliza mejor. El discípulo aquí es maestro y Jorge manda en un conjunto donde todos se deben enseñanzas. El también líder de Ciudadano ha querido traer a Tortel aquellas composiciones que -si bien únicamente apuntó en algunas del último disco con su otro grupo (“Tiro con Arco” o la versión de “El Río” de Miguel Ríos)- dan rienda suelta a sus instintos más folklórico-yankis, no abandonando jamás la sensibilidad pop por la que presto se le evoca. Sin perderlos nunca de vista, Pérez se aleja ahora más de la ruidosa poesía de Mercromina y los Surfin para arrimarse a los cristalinos preceptos de Sufjan Stevens, Herman Düne, Darren Hayman o su paisano Julio Bustamante que, por cierto, por allí estaba. De Tortel era la vez primera y estrenando disco (dicen que se materializará tras el verano), así que permítanme que obvie (desconozca) algunos de los títulos y rememore sus sonidos. Se trata de canciones cortas de alto voltaje emocional que sin muchas palabras dicen más que mil imágenes; pequeños fotogramas sonoros y autobiográficos que pueden evocar recuerdos felices, afianzar amistades o helar la sangre. Música complicada realizada con buen humor y sencillez, que sigue una línea argumental de country (de ahí el inmejorable bigote de Jorge) con alma y estribillos repletos de la calidad pop que les ha visto crecer. Comenzaron con piezas más suaves (siempre jugando con las intensidades) en canciones como “Literatura”, “Los amigos” (sé que no se llama así) o “El Río”. La cosa se fue azorando con temas como “El tren” o “Amo el dinero” y finalizó aquello con un subidón de alta intensidad lo-fi que bien podía haber sido una mutación semiacústica del “I fought the law” de los Clash y “Hoy es un día perfecto” de La Habitación Roja”. Ya me he pasado. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ