Grupo: Los Planetas
Sala: La Riviera (Madrid)

La llegada del nuevo trabajo de Los Planetas con un año de retraso según lo acostumbrado influyó de manera directamente proporcional a la demanda de entradas en la capitalina sala Riviera. Por ello, y fue en el último momento, se habilitó un día más para que nadie se quedara sin escuchar el estreno madrileño de «La leyenda del espacio».

Con una cerveza fresca en la mano y en con el sol dando de lleno en el barrio de La Latina no se nos ocurría mejor lugar, a mis amigos y a mi, para ser felices por lo que estaba por llegar. Cuando habíamos vaciado tantas jarras que las Mujeres y la política, la vida o la muerte ya se entremezclamaban en animada coversación, enfilamos, calle abajo, el camino hacia la sala. El ambiente y las sensaciones eran perfectas, ahora sí, para ver a Los Planetas.

Mis camaradas y yo, que habíamos sido previsores, sacamos las entradas con casi un mes de antelación y es por ello que la narración que a continuación te planteo pertenece al sábado 14 de abril. Era fecha señalada y eso a J y los suyos no se les pasó, así que el himno de Riego y banderas tricolor presidieron la imponente salida de unos Planetas que ya son, le pese a quien le pese, leyenda viva del indie patrio. Que tomen nota S.S.M.M. Juan Carlos y su prole.

Prin´ La Lá tuvieron la labor-a veces como ésta, dura- de telonear a las entidades y es por ello que el público todavía tomaba posiciones, ansioso, cuando el extraño cuadro que forman el numeroso contingente freak que son este grupo sureño comenzaba su breve actuación. Supongo que no era ni el lugar, ni el momento idóneo para ver a esta extraña/diferente banda. Otra vez será. Una guapa niña, jarras de agua a modo de instrumento, bucólicas cantantes, guitarrista eléctrico-andañuz y, eso sí, agradables voces sirvieron de esperpéntica decoración en la búsqueda del lugar idóneo para ver a Los Planetas.

¿Por dode íbamos?…Ah sí…Pues todavía no había concluído el himno de la República cuando las pantallas- por cierto: acertadas y sugerentes imágenes acompañaron a toda la actuación- ya reflejaban las sillas vacías de todos los cantaores que han inspirado a los granadinos a llevar de viaje por el espacio a la «Leyenda del tiempo» de Camarón. Así que los primeros y negros acordes de «El canto del bute» inundaron, espesos, la circular sala de la meseta.

Era el corte 1 de lo nuevo, y es que parece éste un disco hecho elaborado, como tiene que ser, con un sentido y un orden lógico. Así que sin la menor intención de alterar el resultado, la primera parte del concierto fue, sin fisuras, para «La leyenda del espacio». Casi una hora en la que el quinteto de Granada demostró que el genuino «sonido planetario» está por encima de los no se cuantos palos de flamenco que el disco aborda. Un tablao eléctrico que disparaba rayos de emoción y que aunó la rabia y el alma del flamenco con la eléctrica alucinógena de Los Planetas más rebuscados.

Con la efigie de J- ya icónica a lo Ché Guevara, pero del indie patrio- filtrándose entre las luces y el humo y con un Eric Jiménez pletórico- y lo mejor estaba por llegar- y marcando los pesados latidos del corazón de un grupo que sabe por viejo y por diablo, «Ya no me asomo a la reja» o «Si estaba loco por tí» se erigieron, directas, como las canciones que más agarraron por dentro; aunque «Reunión en la cumbre» y, sobre todo, «Alegrías del incendio» se llevaron, por animadas y conocidas, los premios a las más celebradas y bailadas en esta primera terna flamenca-indie con la que Los Planetas han decidido, que lo sepas, iniciar su nueva gira.

La siguiente hora de concierto- y es que entre bises y todo casi fueron dos- comenzaron a llegar las de toda la vida. Y claro, unos simples acordes como los que dan comienzo a «David y Claudia» valieron para eliminar, en los pocos minutos que dura el tema, cualquier vestigio del fantasma flamenco. «Corrientes circulares en el tiempo», «Nunca me entero de nada», «Deberes y privilegios», «Devuélveme la pasta que me debes», «Segundo premio» o, por supuesto, «Un buen día» fueron algunas de las titulares en un set list que sonó, y eso pudo molestar a laguien, algo más oscuro (menos luminoso) de lo habitual.

Pero Los Planetas no estuvieron en ningún momento dsipuestos a dar, como ocurre a veces, la de arena y tanto la actitud de J- pletórico y subiendo el puño izquierdo en el estribillo de alguno de los himnos antes nombrados- como la del resto de la banda fue la de concentración y buena sintonía (lo siento/que se jodan, de nuevo, por algunos, pero están vivos). O era la atmósfera republicana o la botella de tinto que a sus espaldas le abastecía, pero el líder de la banda estaba tan contento como los de abajo.

A un primer amago de bis, los granadinos respondieron raudos con una ráfaga mágica compuesta, creo, por «Santos que yo te pinte», «De viaje» y Pesadilla en el parque de atracciones». Todo podía haber concluido, pero en las pantallas todavía ardía un sol amenazador cuando, y tras varios calurosos minutos, ahora sí: Los Planetas se despidieron con los apoteósicos 10 minutos que dura «La Copa de Europa». Alguien cuyo equipo ha perdido dos finales de la Champions- véase San Dennis y Milán- no puede imaginar la alegría que ello conlleva, pero ahí están grupos como Los Planetas para dar una satisfacción, aunque instrumental, espero similar….

Cansados, con dolor de piernas, la adrenalina de Los Planetas y alguna visita al cajero parecían suficientes para aguantar, una vez más, las sorpresas de la animada noche madrileña…Un día es un día…una noche es una noche…

PD. Escribo miércoles y todavía resuenan en mi los golpes con los que, aunque en la batería, Eric removió mi interior…

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.