Hendrik Röver: A pelo y sin miedoJuan González 25 marzo, 2011 Lo de las densas capas de maquillaje, ésas que nos impiden ver lo que hay detrás (en el caso de haber algo, claro), no van para nada con Hendrik Röver. Este cántabro de nombre poco o nada castizo, también frontman de los ya longevos Deltonos, parece no tener demasiada simpatía por los aditivos y así lo constatan sus dos álbumes en solitario: Esqueletos (Guitar Town Recordings, 2007) y No temáis por mí (Guitar Town Recordings, 2010). Su máxima es clara: una melodía que se sustente por sí sola, aderezada con una buena historia que contar y/o cantar. Todo lo demás excede el límite de equipaje en este periplo por las músicas de raíz americanas. Sí señores, al más puro estilo Dogville. Pues con todo ello bien interiorizado, se presentó el pasado viernes en el Black Note acompañado por otro primer espada del Rock&Roll patrio, el murciano Miguel Bañón (Marañones, Lunáticos). Sin más atrezzo instrumental que dos guitarras, algún que otro pedal y un banjo que permanecía en stand by, pero que a la postre terminaría haciendo las delicias de los amantes del hillbilly, Hendrik comenzó a desgajar las canciones de su disco más reciente. Canciones como “Casa Abandonada”, “Adiós” o “Déjalo” fueron las encargadas de engrasar los engranajes de esta locomotora folky. Acto seguido llegaron las desnudas composiciones de Esqueletos, aunque no demasiadas, tan solo tres. Donde sí se prodigó fue en las versiones, entre ellas hubo temas de Allman Brothers (“Pony Boy”), Grateful Dead (“Friendo of the devil”,aunque dejó claro que no era un apasionado de la banda comandada por Jerry García), Greg Campbell (“Wichita Lineman”), Buck Owens (“El último clavo en mi ataúd”) o Townes Van Zandt (“Lungs”). “Cambio de aires” haciendo honor a su nombre sirvió de transición para revolucionar el carácter reposado de la primera parte del set. También hubo cabida para un pieza deltoniana: “Brindemos”, un alegato a las amistades perennes (o al bebercio, según se mire). Llegados a este punto, Mr. Röver y su copiloto ya no despegaron el pie del acelerador hasta llegar a “Uh Las Vegas”. Y es que hay cosas que están más cerca de lo que pensamos (en este caso Las Vegas era un bar de Avilés). A pesar de la escasa afluencia de gente (algo menos de media entrada) los allí reunidos pudimos comprobar que verdaderamente no hay nada por lo que temer, como bien reza el título de su último trabajo; Hendrik sigue rezumando música de alto octanaje en sus conciertos. Se notan las tablas, supo jugar con los tiempos y la intensidad, lo que convirtió el recital en una línea ascendente, pese a que la voz sonase plana en algún que otro momento. Da la sensación que ha conseguido lo que a veces resulta muy complicado a medida que un músico progresa: mantener la sencillez. *Es triste tener que hacer mención a la falta de respeto que existe en este país hacia los artistas. Me veo obligado a hacer un llamamiento a ciertos individuos para que no se olviden la educación en casa cuando vayan a los conciertos (sobre todo si son acústicos) ya que la gente no paga entradas para escuchar a gente vociferando en mitad de las canciones. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ