Grupo: Marcelo Criminal + Marcos y Molduras
Sala: La3

La intimidad es a menudo lo más interesante, tanto la propia como la ajena. Lo vivido en la noche del pasado sábado en La3 no solo confirma esto, sino que lo amplía. La doble oferta brindada por Cero en conducta, conformada por Marcos y Molduras y Marcelo Criminal, rompió las barreras entre lo público y lo privado y entre la intimidad propia y la ajena.

Más allá de clichés sobre la identificación del público con las historias del artista, Marcos y Molduras te meten en su casa y no se limitan a brindarte falsa comprensión o la media sonrisa de quien pilla la referencia porque ha estado en esa situación: te dan la oportunidad de observar pedazos de su vida; desde un cumpleaños arruinado por unas flores a un fin de semana en casa viendo series, pasando por la terrible evidencia de que la vida en pareja a veces engorda. 

Si las canciones de Marcos y Marta funcionan en casa, en directo suman aún más calidez, no solo por lo hogareño de la propuesta, con Marta a la voz y Marcos a la guitarra, acompañados por un ordenador que escupía las bases una detrás de otra sin esperar a nadie, buscándole los nervios al vallisoletano, calmado por la enorme sonrisa de Marta, que, al tiempo que acompañaba a su compañero, nos acercaba a ese mundo propio que comparten con nosotres, lleno de calles malditas, sangre y memes, adornado con referencias a Parks & Recreation y versiones de Los Claveles.

Tras la pausa para refrescarse, subió al escenario Marcelo Criminal. Con una mano en el bolsillo, casi como un crooner recién divorciado, el murciano repasó trallazos de su repertorio sin dar tiempo siquiera a que se apagara el eco de los aplausos iniciales. Asistido durante la mayor parte del concierto por el ordenador prestado por Marcos y Molduras, que seguía con su cruzada personal contra el final de las canciones, Marcelo nos metió de lleno en su intimidad, pero no con la luminosidad de los madrileños, sino en un marco más personal.

Las canciones de Marcelo Criminal te hacen buscar el abrazo de la persona más cercana, o incluso el del propio cantautor. Ni siquiera hace falta la identificación, apenas es necesaria la empatía; el lujo que nos regala es el de sentir que une está en él y con él, tal es su capacidad de síntesis. Si Marcos y Molduras nos llevan a su salón, Marcelo te mete en su corazón (perdonen la rima), emocionando con su perplejidad ante la vida, con su desamor hacia sí y hacia la compañía, con su oda, ya himno, a la Solán de Cabras o con su recuerdo de la felicidad en 2012.

A excepción del ordenador pensante (y con poca querencia (o demasiada) hacia el lo-fi) y un extraño momento conducido por gente que desde los baños berreó Tusa, a los que el propio Marcelo se sumó en un momento simpático mientras trataba de sonsacarle una base a HAL 9000, la noche transcurrió sin mayores complicaciones, más allá de la sensación de vacío tras la intimidad absoluta lograda por ambas bandas. La asistencia podría calificarse de correcta (siempre se puede pedir más), y esperemos que Cero en conducta y La3 estén de acuerdo en esto y podamos disfrutar de muchas más noches de lo-fi intimista como esta. 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.