Lo clásico en el fondoQuique Medina 17 junio, 2010 24 horas después de haber sido testigo de la actuación de Mishima las sensaciones siguen siendo las mismas. La impresión de haber visto en acción a una banda de pop compacta y con oficio suficiente como para que hora y diez minutos se pasen volando todavía continúa intacta como para contarlo. Era jueves y la sala presentaba una imagen más que decente con alrededor de 150 personas. Mishima no disfruta, fuera de las fronteras de la Catalunya, del tirón que atesoran algunos de sus paisanos verbigracia Els Amics de Les Arts o, sobre todo, Manel; algo tal vez injusto ya que el grupo liderado por David Carabén llevan cuatro discos y más de 10 años haciendo lo que los antes citados han realizado con tan sólo una referencia. Son románticos (y por ende minoritarios) hasta para eso. En realidad llevan cinco discos y en la gira presentación de este quinto se enmarcaba el bolo. Ordre i Ventura merecerá puesto de honor en la lista de los mejores de su añada. Tiempo al tiempo. O “Time after time” que fue la canción con la que cerraron la aplaudida actuación; pero eso, claro, fue lo último. Setenta minutos antes habían comenzado con “L´estrany” de No et fas el llit de Trucar a casa,recollir les fotos,pagar la multa, su tercer álbum, dejando claro que no iban a dejar pasar la oportunidad de repasar las delicias que esconde su discografía. Ya en los bises llegó, del mismo trabajo, “Sant Pere”, y dejando destellos de alta intensidad country. Vamos, un ejemplo perfecto de esta nueva moda conocida (y bienvenida) como alt-country. Nacho Vegas, Jonston o los valencianos Petit Mal como parecidos razonables para ese pop que mira a Norteamérica y cuida las diáfanas, pero poéticas, letras. Cuando se ponen británicos como hicieron, por ejemplo, en “La tarda esclata” se engalanan de rasgos brit-pop a lo Travis. “Quin n´ha vegut” o “Un troç fang” fueron, junto a la antes citada, las representantes de su anterior disco, Set tota la vida. Su nuevo disco, como era de esperar, estuvo muy presente y reseñables fueron, por su puesta en escena, “Tot torna a començar”, “Com abans” y “Una cara bonica”. Bonitos, sonrientes y satisfechos como los rostros de un público al que Carabén pidió, por dos veces, poder ver. “Podéu encendre la llum. Està molt oscur, no veig les cares”, le espetaba el frontman a los técnicos. Sólo una vez se salió con la suya. Con más simpatía (hasta firmaron ejemplares tras el bolo) y también con las gafas como fetiche, pero sin su arte a la guitarra y su vozarrón, David Carabén quisiera ser RICHARD HAWLEY. Carabén, no obstante se contonea, acústica ajustada en ristre, a lo Neil Hannon; las comparaciones de los catalanes con Divine Comedy son más que razonables. El academicismo del pop-folk que practican sólo se ensució por el magistral noise que perpetra la Fender de Dani Vega. Vega y Xavi Caparrós, aunque sin levantarse de la silla, aportan el lado indie de una banda que respira rock clásico. Los teclados y la alegre batería de Alfons Serra aportaron luminosidad a un grupo serio en el fondo y en la forma. Diez años de carrera y sólo dos actuaciones en Valencia. Inexplicable. Que no tarde en producirse la tercera. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ