Los matices, mejor en familiaQuique Medina 1 octubre, 2009 Quitando, supongo, de los promotores, los dueños de la sala y los propios artistas, las menos de 100 personas que nos citamos con la propuesta de Muni Camon y Remate estábamos encantados. Contentos al poder paladear los matices que un aguerrido quinteto, como el que ha montado el dúo para pasear las canciones en directo, sin problemas de espacio, visibilidad ni maleducados (y aún así Muni tuvo que hacer callar a algunas personas en mitad de una canción). Es complicado de comprender como en el concierto de una banda donde habita el archi-productor nacional, Paco Loco, no se cuentan ni por cien las personas interesadas. Y ya no lo digo por la propuesta musical -eso sí, arriesgada- o por la cantidad de músicos que debieron (y no lo hicieron) mostrar interés, me refiero a la cantidad de contactos y posibilidades promocionales que Muni Camon y Remate parecen despreciar. ¿Será apropósito? ¿Será esto eso que llaman indie? Vayamos al tema… Muni (os pongo en antecedentes rosas y sonoros) es la pareja Paco Loco y ex líder de Maddening Flames, un grupo efímero y de culto de aquel primer indie de principios de los 90. Si por aquellos tiempos ya apuntaba a tener una joya por voz, sobre las tablas de Wah Wah quedó constatado. Una vez se conseguía desprender de las finas capas de timidez y desentreno que le produce el escenario, se destapaba una deliciosa cantante pop (botas vaqueras incluidas) que poco tenía que envidiar a divas del folk. “La Lucinda Williams del Puerto”. La serie de corales historias tragicómicas que contienen Somersaults, la única referencia de esta pareja de “raros”, cayó sin sobresaltos y Dylanianos ella y él se turnaron a las voces cual familia Sinatra. El espectáculo, de todos modos, partía de atrás; de ese tercer miembro que es Paco Loco y que por tocárselas, se las toca todas…las guitarras: eléctricas varias, pedal steel guitar y una marabunta de pedales que para qué te voy a contar. No sé si se usaron todos, pero era un disfrute tener que sufrir para acertar de donde salía cada ruido, cada efecto, cada guitarrazo. El madrileño Fernando Martínez de la Serna -que es el nombre que usa en la vida real Remate-, no se quedó a la zaga y mostró su destreza en el micro (divirtiéndose en los coros), en la acústica, la eléctrica y, donde más a parece sentirse, en , los teclados. A pesar del aspecto de la sala, el barbudo fue feliz, y a su continua sonrisa me remito, y recordó en varias ocasiones que si querían comprar discos del grupo, “ahí los tenían, en una caja de Nike”. Las dosis de elegante improvisación y el aparente caudal de pop calmado se mezclaron, en ocasiones, en desembocaduras finales de distorsión y potencia rock de alta alcurnia. Un goce para el sentido del oído (nunca el de vista) que se acentúo en temas como “Finest Fringe” (en sus dos versiones), “Lookout Hill” o “Nobody Loves”. Acabaron con el country roquero que supone la historia de “Chalky Blue & Lucy Harpy” bajo una comunión instrumental y un familiar buen rollo que sanó, supongo, las heridas que al principio causó la falta de público. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ