Grupo: FIB´10 (JUEVES)
Sala: Benicàssim

¿Qué pasa? ¿Hemos llegado pronto? Eran las 19:30 y el recinto presentaba una imagen tan fantasmagórica que pensamos que nos habíamos adelantado un día antes. Decidimos tomarnos la palmada de la organización como la revancha de los años anteriores. Ni las atracciones de feria, que las había, lograron recuperar el saldo de un festival que acaba de aprender que con la gorra no se ganan los partidos.

Sin querer, unas fuerzas invisibles, nos teletransportaron a primeras filas de The Paris Riots. Si esto no es un hype que baje Dios y lo vea. Lo cierto es que el frontman se asemeja a John Bon Jovi y, supongo, eso ya es como para Escenario Verde. Por cierto, qué duro es tocar y no llenar el inmaduro escenario.

¿Que lo español no da dinero? Ese es tu problema Vince. El caso es que Cohete tocaban en el Fiberfib y allí no éramos más de 100. Por mí genial, y aunque los madrileños no dieron su mejor concierto, a temazos como “Club cocina”, “El plan”, “Petri”, “Matrimonio” o “Mi corbata”, adhirieron nuevas composiciones de estreno para la ocasión. Su destartalado e imprevisible pop estuvo secundado por vientos y el desparpajo suficiente para vindicar que personalidad les sobra. Pop, ska y jazz por poner etiquetas.

Nos abrimos paso en el (diría mar) riachuelo de guiris y, de vuelta al Verde, para intentar disfrutar del Southern Arts Society. Sobrevalorados. La lechosidad de Andy Jarman no transmitió ni a británicos ni a spaniards. El grupo quiso pero nunca pudo soportar ni el calor ni el peso de un Escenario Verde que todavía (y eran casi las 21 horas) presentaba desértica imagen.

Primer gran concierto de la noche (sólo lo diré dos veces): El Hijo. A Abel Hernández le molestan las comparaciones con Nacho Vegas pero, háganme caso, se parecen. Eso sí, los cuentos y la voz de Hernández tienen ese algo mágico que cuesta definir en palabras. Acompañado de una banda semiacústica pero contundente, el leonino cuentacuentos lució pelo y canciones con enorme elegancia. Tiene repertorio de sobra y eligió temas de su nuevo álbum, Madrileña, para protagonizar el tracklist. Se agradeció poder bailar ese “Vals de los besos” en versión rápida y de circunstancias. Amigos habían (para eso están), público todavía escaso.


Había que decidirse entre Charlotte Gainsbourg (la hijísima del protanistas del biopic) o Brendan Benson. Como, tras su cancelación en Valencia esta temporada, nos lo debía, decidimos tirar hacia el norteamericano. No sé si fue un error, pero sin duda que su concierto lo fue. En formato trío, el exquisito y simple power pop de Benson, nunca llegó a alcanzar las cotas de diversión que su último álbum auspicia. Al parecer el ahorro pudo con una puesta en escena que, pese a la entrega, resultó pobre.

Love Of Lesbian, pese a su condición de nacionales, protagonizaron la primera buena entrada de la noche pero nosotros, porque los habíamos visto (y los veremos) y razones que no vienen al caso, decidimos cenar y, patatas en ristre, pillar sitio para Ray Davies.

Es nuestro ídolo, pero las sensaciones de pena y emoción se mezclaron al comprobar la erosión que el paso del tiempo había causado en Ray; joder, no perdona. Pensábamos que aquello iba a ser un desengaño, pero el que tuvo retuvo y fue el propio Davies quien se echó el concierto a la chepa para arrancarnos más de un baile y, por qué no decirlo, alguna lágrima. “Waterloo sunset”, “You really got me”, «Lola» o “Victoria”; si alguien tiene el derecho de destrozarlas y emocionar, ese es él. Por cierto, que la colla británica parecía despertar….Nosotros, en consecuencia, pensábamos en irnos.

Y mientras sopesábamos la idea de volver a Valencia, nos topamos con el mejor concierto de la jornada: Dirty Projectors. El liderazgo y la genialidad de Dave Longstreth se adueñaron del escenario Eastpak y, of course, de la contienda desde el principio. El de Brooklin ata la guitarra tan corta como a su numerosa banda a la que dotó de coros y diferentes gamas de sonido que viajaron desde el pop al soul, pasando por el gospel y tonteando con el reggae. Magistral y curativa fue una actuación que recordaremos como la mejor y la última.

Sí amigos, había que retornar a la ciudad, entre otras cosas para contároslo y Kasabian, que ya sonaba en El Verde, nos dio mucha pereza. No tanta como la vista al Pinball, pero eso ya es otra historia y hoy hay que volver al recinto. ¿Habrá más gente? Esperemos, por Vince, que sí… Yo lo dejaría así.

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