Grupo: Mucho + Tigres Leones
Sala: Ochoymedio

El local abrió sus puertas y pocos hacían cola para entrar. Tigres Leones era el entrante de la noche y yo llegué con hambre.

Los focos se encendieron y el volumen de los altavoces estaba sobre nuestras cabezas. Mezclaron rock, pop y psicodelia. Ruido atractivo y letras irreverentes. Era un banquete del que salir rodando. Temas que dan carta blanca a la interpretación. Inverosímiles en unos puntos, directas en otros. Los testigos dirán que cantaban con rabia. Alabados sean por ello.

La Catastrofía, su nuevo trabajo, se acerca al pop sesentero, han cambiado y eso parece que gusta. “Marte” y “Fiesta” sobresalieron. Todos bailaron, dejándose llevar hacia las profundidades del trastorno. Composiciones prácticamente inclasificables, aunque me arriesgo y digo que me recuerdan a Patrullero Mancuso, hagan sus apuestas.
En algún lugar del mundo se estaba haciendo de día, pero aquí quedaba mucha noche por delante.

MUCHO agitó el cosmos. Pidieron en las puertas del infierno y sucumbimos. Estoica puesta en escena, explosión de sonidos siderales y arreglos hechos con seda, fuego y sangre. Son extraños. Son intransferibles. Lo que es seguro es que son titánicos. “Grupo Revelación” recordó que hay diecisiete formas de irse a la mierda. “Fue” la noche del exabrupto.

Saciaron las ansias de trascender con sus anteriores trabajos, inventaron nuevos estallidos de pop cósmico con los nuevos. “Pidiendo en las puertas del Infierno” ha matado a las guitarras y dado a luz sintetizadores. Propinan bofetadas de realidad sideral, critican la clase política, la ignorancia, la música insulsa. Son una epifanía.

Los delirios de MUCHO te atrapan fuerte. Jesucristo, Supermán y Maradona se fundieron en un gran abrazo sobre el escenario, qué dioses dorados, qué gran triunfo.

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