Grupo: Badlands
Sala: Russafa

La del 23 de marzo se presagiaba como una noche de éxito para Badlands. Dos sesiones, todo vendido y cinco últimas entradas en taquilla para los más rápidos en llegar a la sala Russafa. Para aquellos fans del grupo que se quedaron sin ir, no se asusten, el éxito no fue un presagio sino una realidad rotunda. Cuando entrábamos, los de la segunda sesión coincidimos con el público saliente de la primera. “Este ha sido el mejor concierto de Badlands que he visto”, escuché de soslayo.

Los que ya hemos disfrutado alguna vez de la banda valenciana, y tras bajarse por unos meses de los escenarios para preparar su nuevo trabajo, aguardábamos esa noche con altas expectativas. Los comentarios del público de la primera sesión las incrementaron. Al entrar en la sala y ver el decorado, se multiplicaron.

Unos 20 minutos después de lo previsto, la sala Russafa se apagó y subieron al escenario May (vocalista), Rafa (violinista, teclista y guitarra acústica), Raúl (banjo y guitarra), Andrés (contrabajo), Guille (guitarrista) y Ben (batería). Sonrisas cómplices entre el público. Los Badlands nunca defraudan con el vestuario. En un concierto todo suma y esa noche cada fleco, cada sombrero, cada chaleco, cada sillón y cada sofá rezumaban country por los cuatro costados. Y así, los seis integrantes de la banda nos fueron transportando con cada canción a distintos lugares de América, atravesando por el camino diversos terrenos emocionales.

Fueron unos noventa minutos de concierto repartidos con gran acierto. Cada vez que nos creíamos cómodos sentados en nuestras butacas de la sala Russafa, los Badlands cambiaban de registro y nos transportaban a un lugar más interesante. Tras los primeros temas y en plena efervescencia musical, daba comienzo la parte acústica del concierto, con una delicadeza y elegancia que sumió al público en el más absoluto silencio, para, poco después, volver a la intensidad y a las melodías imposibles de no bailar, y finalizar cantando a capella y bailando con el público. Todo esto alternando, por supuesto, sus canciones ya publicadas con el anticipo de los temas nuevos, temas en los que han explorado nuevos horizontes y que deberían ser motivo de éxito inmediato cuando se publiquen. Me reitero al decir que en un concierto todo suma. Subir al escenario (en ambos pases) a las Femme Fractal y al armonicista Ángel Vera es una muestra de ello.

Y si a la excelencia musical y a la capacidad de sorprender le agregas la complicidad que demostraron tener los integrantes antiguos del grupo con los nuevos, Guille y Ben (este último hizo un solo de batería que, casi una semana después, aún trato de asimilar),  el resultado es una noche a la que no se le puede reprochar absolutamente nada y sí agradecer mucho. Agradecer por hacer música libre, sin prejuicios, pasando por encima de lo establecido, que emocione incluso a los más escépticos y que sea capaz de reunir siempre a un público totalmente ecléctico, cómplice por unos minutos de la singularidad y la magnificencia de Badlands, a los que deseamos larga vida y muchos éxitos.

Fotografía: Sergio F. Fernández

Fotografía: Sergio F. Fernández

Fotografía: Sergio F. Fernández

Fotografía: Sergio F. Fernández

Fotografía: Sergio F. Fernández

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