Grupo: Pony Bravo
Sala: Loco Club

Andsons Producciones, siempre infalibles a la hora de organizar algunos de los mejores eventos de la ciudad, nos trajeron el pasado sábado 30 de marzo a Pony Bravo. El grupo, del que hace apenas unos días reseñábamos su último trabajo, Gurú, llegaron directos desde su actuación en el festival Microsonidos.

El Loco Club fue la sala anfitriona para la ocasión, un espacio que también lo será para la traca de potentísimos directos, entre los que se incluyen Las Ruinas o McEnroe, que nos tienen preparados la buena gente de Andsons. La noche lucía prometedora, si escuchar a los sevillanos ya es de por si una íntima experiencia que roza lo extrasensorial, lo cierto es que sus directos producen entre sus asistentes experiencias próximas al éxtasis.

El grupo plantea su disco como si de una travesía de doce etapas se tratara, una vivencia extrapolable a lo que ocurre con su puesta en escena. Mientras recorrían buena parte de su discografía, la percepción a los pies del escenario era la de estar asistiendo a un magno viaje donde la mejor opción, como suele ocurrir en este tipo de situaciones, era dejarse llevar.

En los minutos previos al inicio de la actuación se podía detectar en algunos sectores del expectante público cierta incertidumbre sobre a lo que se debían atener. Porque a pesar de la consolidadísima trayectoria en tiempo y producción de los sevillanos aún hay quien anda algo despistado sobre lo que hacen. Es bastante probable que algunos de los aludidos aún tuvieran dudas de cómo etiquetar lo que habían presenciado al concluir el concierto, y es que danzar ente ritmos tan dispares como la psicodelia o la étnica es un arte que unos pocos artistas saben ejecutar sin caer en el descalabro.

De manera casi instantánea al comenzar la actuación la sala rozó la totalidad del aforo y desde ese momento el espectáculo estuvo servido. Lo viejo y lo nuevo se entrelazaron como si un apretón de manos cómplice se tratara en una setlist que estuvo a la altura de las expectativas. Con algunos highlights destacados como fueron las coreadas Noche de setas, Ninja de Fuego o Rey Boabdil la noche transcurrió con absoluta placidez.

Una velada en la que los sevillanos no se dejaron nada en el tintero y en la que, si bien todos los miembros de la formación ejecutaron una correctísima y coordinada actuación, destacó sobremanera la magia de las manos de Pablo Peña en las cuerdas. Tras la consabida despedida previa el bis culminó con la magnánima Rave de Dios a la que, por supuesto, estuvimos todos invitados.

Finalmente, el hechizo que había impregnado cada milímetro de la sala logró mantenerse gracias a la acertada selección que hizo Manuel Fuillerat de Andsons Producciones desde la cabina. El directo de Pony Bravo se confirma como el último y dulce momento antes de que estalle la burbuja que nos separa de la áspera realidad.

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