Fue un poco circo, divertido, pero sin lugar a dudas no valía el precio de la entrada (14 Euros).

La Sala Sol estaba llena hasta los topes, quizás deberían haber puesto el cartel de no hay entradas horas antes, ya que dudo que las últimas filas se enteraran de algo de lo que estaba ocurriendo.

Ramón Rodriguez (The new Raemon) y Miguel Rivera (Maga) tienen entre manos un curioso espectáculo basado en el intercambio musical de canciones de uno, interpretadas por el otro. La verdad, no es usual ver este tipo de colaboraciones hoy en día, con lo que el la parroquia indie está respondiendo muy bien a esta propuesta.

Ciertamente el show tiene su gracia, logran crear un ambiente muy distendido con el público y no siempre tienes la oportunidad de asistir a un concierto en el que se crea un vínculo tan cercano con los artistas. Desde ese punto de vista, la noche estuvo intachable. Ahora bien, algo de falta de respeto muestra esta gente hacia su público cuando percibes que no ha habido el suficiente trabajo por su parte, y las cagadas se suceden una tras otra. Que tiene gracia, no digo que no y ellos mismos se reían de las “gambas” pero a la sexta vez empieza a ser insultante. Y vuelvo otra vez al precio, 14 euros y el señor Miguel Rivera no fue capaz de ponerse un afinador en la guitarra y evitarse estar a mitad de cada canción tocando y afinando de oído, poco serio la verdad.

Tocaron apenas hora y poco y no sabría decir si estuvieron más tiempo hablando que tocando. Para darle un poco más de ritmo al asunto, en ocasiones Ramón Rodriguez se ponía a la batería y demostraba que, como a cualquier músico algo le sale. Pero vamos, los temas que tocaron en esa pose parecían interpretados por una banda de instituto. Repito tiene su gracia pero hasta cierto punto.

Hubo tiempo también para versiones de relleno de The cure o de Echo & the Bunnymen. Otra muestra más de falta de ensayo suplida con canciones que ambos dos sabrían tocar desde la adolescencia y no les supuso mucho trabajo meter.

Frases como “esto ha sonado muy Punky” o “esta no la tocamos que la vamos a destrozar” les servía para salir del paso. Pero lo cierto es que en algunos momentos se les veía un poco apurados ante lo que ellos sabían que era un trabajo mal hecho.

En fin, una sensación rara después del bolo. Local lleno, solo dos en escena, alto precio de las entradas… ¿Dinero rápido y fácil para los artistas? sin lugar a dudas, pero al menos podían haberlo disimulado ensayando un poco más.

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