Sábado 19 FIB 2014Sergio F. Fernández 20 julio, 2014 La sorpresa: Salir de ver a Telegram, la enésima promesa del rock garajero british, e ir escuchando unos alaridos, supuestamente en lengua de Cervantes, que atemorizaban y llamaban la atención por igual, sólo puede suceder en el FIB. Los artífices de esos chillidos eran Los Nastys que con su punk excesivamente sucio y visceral regalaron una tarde única a los valientes que resistían el sol y sobre todo la calina bochornosa de media tarde. Los madrileños, unos detallistas, dispensaban frases para el recuerdo como “droga caníbal”, “no dejen de ir al cine”, o mi preferida: “esta noche a las 6:00 am en nuestra casa Spce Jam, con Michael Jordan y Bill Murray”, digna de portarla en un llavero. Por cierto que a Los Nastys les surgieron unos inesperados aliados en una quinta que celebraba la despedida de soltero de Nasiet (miembro honorífico del FIB 2014). Realmente es una suerte que broten bandas tan irrespetuosas como Los Nastys, la pena es que no hayan llegado antes. La diva: Sensual, atrevida, colorida, contundente… Así apareció por fin Lily Allen tras haber tenido que cancelar en citas anteriores su actuación más veces de las que se podría imaginar. Incluso ella misma bromeaba sobre esa anécdota tras su primera canción, justo antes de entonar uno de sus primeros éxitos, “Smile”. La de Hammersmith no se quitó la risita en ningún momento, al igual que no paró de jugar con su atractivo ya que tras comenzar el show con un vestido tremendamente abierto por delante y luciendo su nueva melena rojo intenso se acicaló con un short de infarto que incluso “era demasiado corto para ella”. Sin lugar a duda junto a los Manic Lily Allen fue la que más público aglutinó y a todos ellos les demostró por méritos propios porque es santo y seña del pop londinense. Los chulos: En los últimos años pocos regresos eran más esperados que el de The Libertines, pese a que en el 2010 ya volvieron a juntarse en aquella ocasión fue sólo para los festivales de Leeds y Reading. Esta vez parece que han vuelto para quedarse, o por lo menos para intentar editar nuevo material tras su segundo álbum publicado en el ya lejanísimo 2004. Para ello salieron al escenario Maravillas con la mejor predisposición posible (la mejor viniendo de ellos) y con un Pete Doherty que pese a su fofo estado físico musicalmente es de las ocasiones que mejor lo he visto (para que se hagan una idea la primera vez que lo vi con Babyshambles casi no podía ni cantar). Por su parte Carl Barât surgió al escenario con la ya mítica casaca roja que ellos mismos se encargaron de (re)popularizar y poco a poco se fue quitando capas de encima para no desfallecer a causa de una lipotimia. A todo esto el público, incluso los británicos, los observaban con algo de indiferencia, como si se tratara de ese primo que te cae bien pero al que ya te has cansado de ver siempre en la cena de navidad. A Doherty, Barât y cia poco o nada les preocupa lo que opinen de ellos y si algo les impacienta el sueño es disfrutar sobre el escenario como ellos saben, ya sea interpretando algunos de los singles más redondos de lo que llevamos de Siglo, junto sus bocas sobre el mismo micro hasta que parezca que sus labios también se tocan o revolcándose como un cerdo antes de San Martín. Por algo ellos y no otros son The Libertines. Que se dé bien. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ