Grupo: Damien Lott + Velocista
Sala: Wah Wah

Doblete de nuevas y buenas sensaciones en la sala Wah Wah este pasado jueves, más aún si tenemos en cuenta que en ambos casos se trataba de debut, aunque eso sí, con muchos matices por ambas partes.

Con la temporada indoor agotando sus últimas citas, a la espera de achicharrarnos más que a gusto en los ya inminentes festivales veraniegos, el primer chapuzón piscinero (o manguerazo, que las cosas están jodidas) llegó de la parte de Velocista y Damien Lott, dos grupos de la tierra cuyos ecos habían estado resonando incesantemente durante las últimas semanas en esta La Redacción Atómica.

Liderados por Toni Cárdenas, ex de los tristemente extintos Mr. Vértigo y con un amplio bagaje a sus espaldas, Velocista ni pueden ni quieren ocultar de dónde vienen y desde luego hacia dónde van, son herencia y reflejo viviente del indie nacional de los últimos veinte años.
La luz de bandas como Surfin´Bichos, Los Planetas o Lagartija Nick y demás pilares de nuestra historia musical reciente a modo de estrella polar no garantizaba forzosamente un resultado seguro, pero tras la intro de varios minutos con el reverb y los agudos con la ganancia casi a tope del cuarteto valenciano, las dudas se disiparon rápidamente.

Lo indecible del espanto (Starsky Records, 2009) es su primer trabajo, grabadito en casa y en el cual aparte de las ya citadas influencias melódicas, le acompaña también el gusto por los textos cuidados y las influencias literáreas, citadas por ellos mismos las de Salinger o Bolaño.

Canciones urgentes, crudas («Tormenta Tropical», «Escándalos Domésticos») a pesar del glas espolvoreado por la voz de Sandra Ferrer con el noise como telón de fondo por regla general, y medios tiempos destacables («El Séptimo Continente») algo faltos de mayor presencia en las baquetas de David Gironés, que aunque empezó demasiado frío fue de menos a más.

Damien Lott ofrecieron uno de los repertorios más imprevisibles que recuerde en cierto tiempo. Carlos Soler, el alma máter de la banda y también con un extenso camino recorrido en Dizzy Noise, se destapó como un auténtico virtuoso de la guitarra e inconformista de las estructuras habituales del pop/rock.

Su apuesta es fruto del trabajo intenso y absolutamente solitario de los dos últimos años, en los cuales ha grabado y producido él mismo todos los cortes que componen su carta de presentación.
Dice el refranero que el que mucho abarca poco aprieta, y tan loable como arriesgada nos pareció su propuesta, ya que mezcló en su catálogo castellano e inglés indiferentemente, no renunció a casi ningún estilo dentro del abanico y pasó de la psicodelia y bailes de fin de curso made in años 50 («Erase and Fall», «Double Mono») a sonidos con marca Nacha Pop e incluso Fito Páez («Fuego Amigo»).

Por si fuera poco, hubo referencias a Kobain y…toma ya! Chemical Brothers. No obstante los nervios del segundo bolo hicieron acto de presencia, más que perdonables por otra parte tras el resultado final, y no estuvieron las aptitudes vocales a la altura de sus seis cuerdas, especialmente en los falsetes.

Afortunadamente para él, va a tener con toda seguridad un buen puñado de ocasiones para poder cerrarme la boquita.

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