Siempre me ha resultado díficil definir a un grupo como Standstill. Un rara avis en el panorama nacional, como demuestra el hecho de haber pasado del hardcore al estilo actual totalmente ecléctico. Sí, pertenecen al indie, pero no abusan de las guitarras. Tampoco encontrarás hits que pinchen los dj´s en los garitos popis de turno. Incluso a veces te encuentras temas donde puedes escuchar a un niño hablando en catalán. Con una discografía en constante evolución imposible de etiquetar, faltaba saber si sus directos iban a la par.

El cómo es un concierto de Standstill lo pude comprobar el pasado sábado 11 de diciembre en La Fabrica (Gandía). A 60 kilómetros de Mirror, y dos meses después de su última visita a tierras valencianas, dieron otra muestra de lo que son capaces de hacer. Observo la crónica de Borja Mompó respecto a dicho concierto en Mirror y puedo coincidir en varios términos y conclusiones: “técnicamente perfectos”, “Ricky Lavado impecable a la batería”, “presencia hipnótica de Enric Montefusco”… Incluso ese pequeño segmento de público hardcore que aún se emociona cuando escuchan los acordes de los temas más antiguos del repertorio de Standstill.

Por mi parte, sí añadiré que me emocioné en varios temas. Sólo escuchando en algunos momentos la voz de Enric estás obligado a ello. Además, se percibía un feeling entre él y su público. Un público ávido de las pocas concesiones que el cantante hacía. Pequeños comentarios socarrones que acababan en diálogos con los asistentes: “¿Alguien se acuerda de nuestra última visita a Gandía? El tío que organizó el bolo se quedó con la pasta y huyó a Brasil”.

Sobre el setlist, lo que nos venían enseñando desde el inicio de esta gira de Adelante Bonaparte. Con un inicio idéntico al del disco (Todos en pie) que alcanzó varios clímax distintos (obviamente dependiendo de la subjetividad de cada espectador). En mi caso, y sin ser nada original, tuve un pequeño orgasmo con “¿Por qué me llamas a estas horas?”. Y seré repetitivo y volveré a remarcar las cotas que alcanza la voz de Montefusco. Y es que, aunque Enric no lo sabe, a veces encierra dentro de sí mismo un pequeñito Freddie Mercury (con perdón de la comparación).

Si tuviera que elegir el tema más coreado por el público, ese sería “La mirada de los mil metros”. Este, junto a otros menos introspectivos como “Moriréis todos jóvenes”, permitían a la banda mostrar una potencia que consiguen transformar en la mayor de las delicadezas con la canción siguiente. Ejemplo: “Cuando ella toca el piano”. Tema que junto a “El resplandor” y “La familia inventada”, se les empieza a poner cara de clásicos.

Por último, destacar otra de las mayores características de Standstill. Y no, no me refiero a que son la banda con las barbas más frondosas del indie. Hablo de su versatilidad. Enric, de la acústica al teclado. Piti Elvira (enérgico), de la guitarra a la percusión. O Ricky Falkner, que igual lo veías al bajo, que al teclado que al cigarro.

Tras la hora y media fugaz que nos regaló Standstill, estos se despidieron dando una noticia que ojalá se confirme pronto: volverán a Valencia, pero esta vez para ofrecer un espectáculo de Room. Después, era el turno de Miqui Puig a los platos. Pero de eso ya conservo más lagunas.

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