Grupo: Superchunk + Senior i El Cor Brutal
Sala: La Rambleta

Desde hace algunos años, o al menos algunos meses, la ciudad de Valencia ha mostrado cierto músculo a la hora de atraer a artistas internacionales. Si bien es cierto que la mayoría de estas propuestas siguen teniendo como nicho objetivo a la generación anterior, y la ciudad sigue sin recibir a bandas internacionales de mayor actualidad, el circuito musical en Valencia está en forma, y así lo demuestra la visita de Superchunk a la sala Rambleta el pasado miércoles. Provenientes de Chapel Hill (Carolina del Norte), se trata de una de las tapadas de los años 90 en Estados Unidos, empapada del rock alternativo y el lofi, y coetánea de los Pavement o los Fugazi de turno, pero abanderada al mismo tiempo de un rock de provincias, por así decirlo, mucho más directo y con menos artificios, sin un escenario como Nueva York o la soleada California sobre el que plasmar sus historias indies. Aun así, Mac McCaughan (al igual que Laura Balance, bajista que ya no gira con el grupo) debe ser considerado como toda una institución en el punk rock noventero y en la escena actual, tanto por su papel como líder de Superchunk como por su labor en su sello, Merge Records.

Si hablamos de rock de provincias, no puede haber mejores teloneros para un concierto de Superchunk que Senior i El Cor Brutal, unos clásicos de la escena local que combinan el rock noventero más puramente americano con la lírica valenciana. Micalet Landete, que acostumbra a establecer relación con el público, no tenía problema en recordar que se trataba de una noche de ‘remember’ noventero (ese concepto que tan de moda está, por otro lado), pues es cierto que ni siquiera una de las bandas centrales del rock alternativo de los 90 es capaz de atraer a jóvenes que sin embargo sí se interesan por corrientes musicales más actuales que beben directamente de esa etapa.

Landete, mientras desplegaba un repertorio de versiones en valenciano de The War On Drugs, Cracker o The Low Anthem, buscaba entre el público a su padre, un hombre que, tal y como asegura, recorre la sala durante sus conciertos en busca del lugar donde mejor se oye la música. Al parecer, en la sala Rambleta ese lugar se sitúa en el escalón más alto de la escalera que une el sótano y la planta baja, de la que tanta gente ha sido amablemente expulsada por la seguridad en los Deleste.

Superchunk abrió su actuación nada menos que con “Driveway to Driveway”, el single del mejor disco de la banda, Foolish (1994). A partir de ahí, los estadounidenses desplegaron el setlist más contundente y ruidoso posible, cruzando repetidamente esa fina línea que divide su música en el lofi alternativo noventero y, sobre todo en los temas de sus últimos trabajos, el punk rock de tres acordes con reminiscencias a Green Day. A este último bloque pertenece el último trabajo de Superchunk, What a Time to Be Alive (2018), un álbum en el que la banda se desmarca de aquellas voces agudas que eran engullidas casi completamente por la guitarra, y muestra un sonido con más empaque y menos lugar para el DIY.

Lejos de centrarse en Foolish como en otros conciertos recientes, McCaughan ofreció una degustación de prácticamente cada disco publicado hasta la fecha, desde el “Seed Toss” de No Pocky for Kitty (1991) hasta el “Nu Bruises” de Indoor Living (1997), para culminar con el primer éxito del disco debut (1990), la catártica “Slack Motherfucker”, antes de descansar y regresar al escenario para hacer las delicias de los asistentes. La apoteosis de ruido llegó con las tres últimas canciones, “Hyper Enough”, “Precision Auto” y una potente versión de “Brand New Love”, de Sebadoh.

Múltiples bandas de los ochenta y los noventa han girado sin ofrecer la más mínima novedad ni una actitud por la que valiera la pena regresar a la carretera. No es el caso de unos Superchunk que no han visitado Valencia para broncearse. Los de Chapel Hill siguen llevando la magia del directo por bandera y desplegan temas nuevos y viejos con la misma energía.

Superchunk

Senior i El Cor Brutal

Fotos: Eukene Albiñana

Crónica: Carlos Ortigosa Arnau 

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