Grupo: Tórtel + Alberto Montero, Tulsa
Sala: Ochoymedio

Ocho de la noche y en esta sala no hay nadie. Bueno sí. Hay como unas diez personas que guardan asiento en las mesas que hay a mi alrededor, mientras la pista de baile está vacía, sola y triste. No importa. Aprovecho y voy directa a coger sitio en primera fila.

Tres cuartos de hora después la gente se ha multiplicado y la pista está relativamente llena. Es cuando Tórtel y Alberto Montero salen juntos al escenario empuñando sus guitarras.

Repasan los cuatro temas de su nuevo EP Nada Será Igual y cada vez que tocan una canción a mí me gustan más. La voz de cada uno es bonita y distinta, la melodía y letra de sus canciones también es así.

Luego, siguen cantando juntos canciones de sus trabajos personales, como La Casa de Hojas de Tórtel o Madera Muerta de Alberto Montero y yo estoy encantada, son tiernos y juntos todo encaja.

Los teloneros se despiden, dan las gracias y se retiran. Al rato aparecen los miembros de Tulsa y los focos vuelven a encenderse.

Empiezan con Atalaya y madre mía menudo arranque. Bailes extravagantes, gritos fuertes y una letra extraña y poderosa. Todo estalla a la vez y esto acaba de empezar.

Siguen con temas de su nuevo disco Centauros como Venda, Vendita, Venda o Bilbao y Miren Iza se convierte en la reina de la noche. Tiene una voz envidiable que maneja con chulería y gusto mientras sus letras te llevan por historias sin final feliz que escuecen.

De instrumentos la cosa también va bien servida. Charlie Bautista está a la eléctrica y se está marcando unos solos que aportan a todo un plus.

Repasan temas del pasado como Los Amantes del Puente y me encanta escuchar que habla de Madrid. Pero luego, cuando el concierto ha avanzado bastante, Miren Iza toca Amiga, de su nuevo trabajo. La canta sola con su teclado mientras un foco la ilumina. De repente sólo existen ella y su canción. Aquí abajo silencio, atención y admiración. Tremendo.

Después de un par de canciones o más el concierto llega a su fin y lo último que suena es Tus Flores, de Espera La Pálida del 2009. Todo termina entre aplausos y es que Tulsa vale para hacerte reír y también llorar, vale para bailar y para gritar. Vale, y tanto que lo vale.

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