La sala Greenspace tiene un sonido deplorable. No es por el equipo, no es ni mucho menos por los técnicos, pero estructuralmente es un desastre.
Lo sabe todo el mundo, desde La Redacción Atómica ya lo hemos denunciado en más de una ocasión y sigue sin ponerse un (fácil) remedio al terrible problema de acústica de la misma, y ya son unas cuantas veces las que hemos salido con cara de frustración, incluso según hemos podido averiguar durante la prueba de sonido este pasado seis de junio hubo serias dudas acerca de si seguir con el concierto adelante.

Y es en este tipo de situaciones cuando los verdaderos artistas saltan a la palestra, nunca mejor dicho, y consiguen sobreponerse ( y de qué manera!) a las dificultades…

Iván Ferreiro, a mí personalmente, me tenía algo desconectado. Y fíjense que todo aquel que me conoce sabe que es parte imprescindible de la banda sonora de años buenos y malos, siempre ahí, de fondo y de frente. Supongo que, sin conocernos, habíamos tomado caminos algo separados aunque dejando migas de pan, como literarios hermanos.

El viernes se produjo la reunión en un camino convertido en sala llena con ya diferentes generaciones, inequívoca señal del éxito de una carrera. Quinceañeros, veinteañeros…y los casi treintañeros en los cuales nos incluimos servidor y acompañantes que teníamos nuestras pequeñas y grandes historias relacionadas con el vigués.

Para aquellos que fueron buscando un espectáculo compuesto de algunas (pocas) canciones nuevas y repaso a temas de Piratas….mmmmeeeeekkkk!!! Suspenso. Ni siquiera necesitó tirar de viejos éxitos cuando comenzó su primera gira en solitario, fruto del debut Canciones para el tiempo y la distancia, y mucho menos a estas alturas con su tercer retoño en las calles.

Mentiroso, mentiroso fue revisado casi de cabo a rabo con sus temas más «fáciles» y con tirada como Jet Lag, De mí un pandero, NYC o Toda la verdad…pero también apuestas mucho más arriesgadas como Rocco Sigfredi, Personalidad Múltiple o la maravillosa Magia.

Como mágico resulta cuando algunos temas que han parecido flojear en el disco se enfocan de una forma completamente distinta y se transforman, aunque sólo sea en el interior de cada uno, en una invitación a girar ese prisma que a veces tenemos demasiado atascado.

Empezando por cubrir las necesidades de los más jóvenes, fue retrocediendo en el tiempo poco a poco para intercalar temas de Las siete y media, como la maravillosa La Distorsión, Días Azules…con pequeños clásicos de CPETYLD como El viaje de Chihiro, S.P.N.B, Estrella de la muerte, Mrs P, Ciudadano A

Y a todo esto, y para acabar de rematar la jugada, tuvo su momento de soledad en el escenario con el piano donde El equilibrio es imposible y Promesas que no valen nada hicieron que el espacio verde se viniera literalmente abajo.

Como habrán intuido, el concierto fue extenso, superando las dos horas y consiguiendo que al menos tipos como yo, nos hayamos reenganchado al genio.

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