Con este nuevo trabajo, los gallegos Igloo continúan en su línea de pop oscuro con arrebatos de alta intensidad, intercalando otros temas en una onda más intimista, como vienen haciendo desde el principio de su carrera. Además, este álbum consta de dos partes,publicándose la siguiente entrega en 2014 con el objetivo de integrarse dentro de la caja, ya que se le ha reservado espacio para ello.

Por otra parte, han contado con algunos colaboradores de lujo, como Paco Román de Neuman, cuya guitarra se escucha en un par de cortes, o Javier Ajenjo de Yani Como. Pero si hay algo que caracteriza a este álbum es la batería, para ello han contado con José Bruno, músico de trayectoria dilatada (Sex Museum, Def Con Dos, Calamaro…) que ha participado en cinco cortes del disco, dotando de robustez a las composiciones de la formación.

El primer tema, “La máquina de fabricar relámpagos” es una prueba de la contundente batería que encontraremos en el disco, además de la electricidad hiriente de las guitarras. Mucho más intensa resulta “Han Solo”, con un tramo final vibrante en el que destaca la voz de Beni Ferreiro con su particular manera de cantar, apoyando Javier Ajenjo a los coros. A continuación, un corte intimista como es “Todos los días amanece”, en el que participa Paco Román, remontando a renglón seguido con “Sinatra” y “Todo”. Las pinceladas electrónicas recorren gran parte del álbum, logrando un efecto épico, como se puede observar en “Mi gran evasión”, una de las mejores composiciones junto a la que cierra este trabajo, “HADA”.

Canciones que se escuchan con agrado, presas de una buena producción a cargo de Beni Ferreiro y Adolfo Langa. Las personales letras corren el riesgo de convertirse en recurrentes, un aspecto a mejorar para buscar ese empujón que proyecte a Igloo de manera definitiva.

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