La primera vez que escuché Universal fue en los estudios de Radio Televisión Española. El grupo había sido invitado a grabar algunas de sus nuevas composiciones para “Los conciertos de Radio 3” y yo, por casualidad forzada, me encontraba en la capital dispuesto a utilizar el comodín de uno de mis días de libre disposición laboral. Unas vacaciones que no recuperaré en verano pero que insuflaron en mi el doble de luminosidad que la que el sol de julio puede provocar en la piel. Los escuetos cuarenta minutos que duró la actuación fueron suficientes para darme cuenta que La Habitación Roja iba a hacer reverdecer, con este disco, unos sentimientos que ya no recordaba, como de otra época. Aquellos tiempos en los que, tumbado en la cama con los cascos del discman a todo meter, las palabras y el ligeramente desafinado quejido de Jorge Martí encajaban de manera no matemática en el entramado melódico que lideraba la guitarra de Pau Roca. Eran años cargados de problemas, alcohol, ingenuidad, «Radio» y “Largometraje“. Y, siendo sincero, no creo que estos álbumes superen a aquellos (los mejores los de La Eliana), pero sí rescata la frescura, vitalidad y sencillez que estos trabajos desprendieron. Un sonido que rememora a Smiths o The Cure y al que pocos grupos castellano-cantantes han conseguido acercarse, como ellos, y salir indemnes. Luego, y aunque hubo buenos (a veces mejores) “Nuevos Tiempos“, por lo que sea, no me volví a sentir así… Hasta ahora…

“Voy a hacerte recordar” es el comienzo fulgurante de un disco que bien podría motivarnos para ganar muchos de los partidos a los que la vida nos enfrenta cada día. Canción iniciática y señera de un trabajo producido para ganar y no ocultar (sí maquillar) esos defectos que hacen a La Habitación Roja especial. Cierto que con este trabajo se están jugando el salto a la primera división del mainstream (“Algo nos pasa” comienza con un riff digno de Amaral), pero bendito riesgo el que puede meter en lo alto de las listas, para variar, un álbum que merece la pena.

Por supuesto que no han inventado el pop, pero le saben sacar lustre y aprovechan, certeramente, el recetario infalible de guitarras límpidas y melodías traslúcidas que van desde The Go-Betweens a Coldplay, pasando por The Decemberists. Los cuerdas (violín y chelo) que alientan algunas de las canciones insuflan energía épica a un disco en el que se avisa, ya desde el primer corte, de que los teclados y los coros de Jordi Sapena gozarán de inexorabilidad y omnipresencia durante casi todo el álbum, sumándose así al personal sonido de la banda que ya es marca de la casa.

Universal (como ya ocurriera con ese gran Ep que fue Dirán que todo fue un sueño) es un tratado de pop diáfano y sin dobleces que no busca el single y sí la canción perfecta. “Voy a hacerte recordar”, “Younger” (atención a la guitarra casi flamenca de Pau) o “Cajas tristes” son mis preferidas, pero busquen las suyas porque hay para todos. “No deberías” hace de broche con la suficiente carga instrumental, lírica y reflexiva como para que necesites comenzar, de nuevo, desde el corte uno este viaje interior. Un trayecto que en mi caso comienza en una cama donde la música y la resaca me hacía superar las putadas que esperaban fuera.

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