En 2007 yo aún era un bello mancebo. Más mancebo que bello, pero vamos, que todavía no sabía dónde estaba de pie. Eso sí, comenzaba a distinguir ligeramente lo que era una apuesta arriesgada de un ejercicio de marketing.

Aquel verano del 2007 asistí de nuevo al FIB, una de esas majestuosas ediciones en los que iban todos los que tenían que ir, es decir, the best line-up ever pero todos los años. El viernes 20 de julio en la carpa que llevaba el nombre de la compañía telefónica del círculo rojo tocaban, entre otros, unos tal The Horrors y unos bailongos conocidos como OK GO. Entre toda la chavalería british, yanquis y algunos llegados desde lugares aún más dispares allí se presentó un tal Kiko Veneno.

El jefazo llegó para conmemorar el 30º aniversario de la publicación de “Veneno” y les aseguro que dio uno de los mejores conciertos que jamás se hayan visto en Benicassim si hablamos de bandas patrias, tal vez sólo superado por alguna de las apariciones de Los Planetas o el espectáculo del Omega a cargo del maestro Morente y Lagartija Nick.

Parafraseando la propia canción de Veneno allí hacía “mucho calor”. A mitad de tarde la carpa era un hervidero al que tardaron muy poco en sumarse todas las huestes guiris. No sabían aplaudir, pero vive Dios que lo pasaron en grande. Y ojo, no vayan a pensar que todo eran compadres de Shakespeare contemplando el “Veneno”, que aunque la patente sea de esta década allí ya había, hipsters modernos y modernas de todos los colores.

Entonces, si todo esto pasó hace 9 años ¿Por qué en el 2016 seguimos siendo igual de gilipollas?

Ayer jueves 21 de enero el Primavera Sound confirmó a una cantidad ingente de grupos que por lo menos hay que ver una vez en la vida. Además, también activó una campaña de marketing espléndida con la inclusión de Los Chichos en el cartel. Ahí están, en la parte baja del cartel, entre esa maravillosa clase media. Son Los Chichos, o lo que queda de ellos, pero por el revuelo que se ha armado parece el segundo advenimiento.

El siempre certero Diego A. Manrique ha afirmado en El País en relación a la inclusión de Los Chichos en el cartel del PS “se trata de un gesto vacío, donde solo se detecta una vocación de epatar. Aquí no se pretende dignificar las músicas llamadas “callejeras”; más bien, es un capricho de gente rica, como aquellos señoritos que –recordaban Los Chichos- les contrataban en las barras americanas de Salamanca para animar la juerga”.

Pues mire, en esta ocasión no estoy de acuerdo. En el aspecto cultural es el cuento de siempre. Si un gran festival como el PS no lleva grupos autóctonos malo porque sólo se fija en lo de fuera. Si los trae, como es el caso, peor porque es el capricho de niños ricos y en definitiva un ejercicio de estética que no aporta nada a los valores culturales ni a la recuperación de la memoria musical de este curioso país que sufre de alzhéimer colectivo cada cinco años.

Ojalá cada año eventos como el PS o el FIB cuenten con bandas como Los Chichos o Kiko Veneno, así poco a poco el genuino ser festivalero recuperaría conciencia propia de la gran diversidad musical de la que siempre ha gozado este país. Una diversidad que por cierto resiste pese a que en España hace más de una década que la propia industria musical desapareció o en el mejor de los caso retrocedió hasta la casilla de salida.

No cabe duda que el “Quiero ser libre” o “Ni más ni menos” van a ser de los temas más bailados en la próxima edición del PS, sino al tiempo, y al fin y al cabo, es de lo que siempre se ha tratado, de romper barreras y de disfrutar practicando uno de los oficios más bellos que jamás ha dado la humanidad.

¡Benditos ejercicios de marketing si a través de ellos recuperamos parte de lo que fuimos y somos!

@SuperSergiof

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