La noche del 13 de junio de 1981, un elegante y pequeño hombre llamado Issei Sagawa bajaba de un taxi portando dos grandes maletas. Dentro de ellas se encontraba el cadáver de Renée Hartevelt, una estudiante holandesa a quien tres días antes había asesinado con tres disparos en la cabeza, para luego descuartizarla y comerse algunas partes de su cuerpo.

Años antes, en Barcelona, Ainhoa Mata, la menor de su familia, se suicidaba en la soledad de su piso, dejando atrás un diario con memorias, frases y conflictos que marcaron gran parte de sus 34 años de vida. Al enterarse de ello, Patxi cogió su cámara de vídeo y grabó un recorrido por el espacio que alguna vez habitó su hermana pequeña, esperando que, por más imposible que fuese ya, ella regrese de donde fue a parar y recoja la ropa que había dejado colgada en el tendedero.

“La piel humana es demasiado gruesa…”

A pesar de ser casi las diez de la noche, los viscerales calificativos que usó el programador de turno al presentar la proyección de “Caniba” (2017) despertaron gritos de entusiasmo por parte de algunos espectadores. Y es que de todas las temáticas reproducibles en el género documental, la orientada a la obra de criminales y asesinos en serie es la que mayor interés genera entre las masas populares. Prueba de ello es el tremendo éxito que gozan series como “Making a Murderer” (2015) y “Mindhunter” (2017) en la actualidad.

“[Caniba] es una pieza incómoda, visceral y de

una paulatina riqueza cinematográfica”

Las luces de la sala dejan sitio para la oscuridad y el silencio. De repente, algo se mueve en la pantalla. Una figura negra, desenfocada y emisora de sonidos tan cercanos como una respiración, dientes rechinando y el pasar del agua a través de un esófago. Así empieza “Caniba”, con un primer plano de Sagawa mientras recibe la atención de un hermano mayor que se mantiene detrás suyo, entrando y saliendo de foco, como si ambos compartiesen una turbia e indefinida naturaleza.

Lo que sigue de aquella estilizada y, por momentos, tediosa introducción, es una pieza incómoda, visceral y de una paulatina riqueza cinematográfica. El espectador jamás recibe lo que espera de la manera en que lo espera, y es retado a observar al detalle secuencias que van desde lo brillante (aquel manga donde Isawa muestra cómo se comió a su víctima) hasta lo sensacionalista (una serie de mutilaciones que mandó a casa a varios).

“Cada imagen representa una ausencia…”

Ainhoa, yo no soy esa” (2018) representa el renacimiento de una persona en base a los documentos, textos, fotografías e imágenes que dejó al quitarse la vida. “¿Quién es Ainhoa Mata?”, puede que te preguntes. Da igual quién es Ainhoa…

Fotograma de «Ainhoa, yo no soy esa»

…da igual porque ella ha vivido lo mismo que todos nosotros. La muerte de un familiar. El abuso de un jefe. El desamor de un conocido. La pérdida y el abandono. La ilusión y el desengaño.

“Patxi cogió su cámara de vídeo y grabó un recorrido por

el espacio que alguna vez habitó su hermana pequeña”

Premiada como Mejor Documental en el Festival de Cine Español de Málaga, “Ainhoa, yo no soy esa” reafirma la milimétrica artesanía de su directora, Carolina Astudillo, quien consigue el equilibrio entre lo poético, lo sensorial y lo narrativo, asociando formas, colores y texturas a reflexiones encontradas en el diario de Ainhoa y que develan una personalidad contraria a la que gran parte de su círculo más íntimo conocía.

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