Director: Steven Spielberg

Muchos años antes de que Casino (1995) y Magnolia (1999) me cambiaran la vida, mi concepción del cine comenzaba a tomar forma gracias a la historias de mi hermano sobre las películas que, junto a mis primos, disfrutaba en alguna sala limeña. Entre ellas, Parque Jurásico (1993) era la que siempre arrancaba en él una sonrisa. Y no fue hasta la primera imagen que nuestro viejo VHS me regaló de ella que pude entender lo emocionante que es estar ante lo increíble, una palabra que desde entonces ha estado asociada al más influyente y reconocido director estadounidense: Steven Allan Spielberg.

Principal artífice de la evasiva perspectiva que rige en Hollywood desde las últimas décadas del siglo pasado, uno de los factores que ha definido su exitosa carrera es el profundo conocimiento sobre todos los elementos que definen la industria cinematográfica, adaptando sus inquietudes e intenciones artísticas a la fórmula que convierta un sencilla idea en un producto tan rentable para el espectador como para los estudios de cine. Ante esto, no es extraño encontrar en su filmografía títulos que además de contar con una sólida ejecución presenten una variada naturaleza dramática, como el sugerente terror de El Diablo sobre Ruedas (1971) y Tiburón (1975), el asombro y la aventura en la trilogía Indiana Jones (1981-1989, para mí solo hay tres), o el crudo y documental dramatismo de El Color Púrpura (1985) y La Lista de Schindler (1993).

El comienzo del presente siglo trajo consigo un Spielberg con una visión menos evasiva de la realidad, historias más terrenales y conflictos que, si bien no se alejaban de su acostumbrada temática paterno filial, afectaban a sus personajes de manera más compleja. Así lo podemos ver en Minority Report (2002), Atrápame si puedes (2002), Munich (2005) y Bridge of Spies (2015), cuatro de sus películas que por su excelente y versátil factura analizaré como antesala al estreno en España de su última producción, Los Archivos del Pentágono (2017), thriller político ambientado en los años 70 y que junta por primera vez en la pantalla a dos leyendas de la interpretación estadounidense como lo son Meryl Streep y Tom Hanks.

La culpa y el pasado

La ciencia ficción siempre ha escondido, bajo su llamativa y espectacular estética, las más íntimas y existenciales inquietudes del ser humano. Así lo vemos en Minority Report (2002), primera colaboración entre Tom Cruise y Steven Spielberg, en la que John Anderton, un oficial del departamento de policía de Los Angeles, debe encontrar a quien lo ha inculpado de cometer un asesinato que aún no ha cometido.

Basada en el homónimo relato corto de Philip K. Dick, estamos ante una película que, tanto técnica como narrativamente, cumple a la perfección los condicionantes de un género tan mítico como es la ciencia ficción. Así lo podemos ver en la sobreexpuesta cinematografía de Janusz Kaminski, envolviendo a los personajes en un aura que los aleja aún más de la realidad, el diseño de producción que hizo del año 2025, aunque ahora parezca un chiste, un entorno bastante verosímil, y una premisa que hizo de su vistoso desarrollo el puente a través del cual John pudo renacer como persona y superar el trauma de ser el principal responsable de la desaparición de su hijo, incluso si con ello pierde parte de su identidad (o uno de sus ojos).

El divertido círculo vicioso

Hay una escena en Atrápame si puedes (2002) que define perfectamente la artesanía entre Spielberg, Kaminski y John Williams para hacer de esta una de sus mejores colaboraciones.

En ella, situada poco antes de la hora y media, vemos a tres oficiales del FBI registrar la residencia del escurridizo piloto/doctor/abogado Frank Abagnale mientras éste, para variar, se encuentra a kilómetros de allí. Lo particular es la manera de presentar a los agentes, mostrando únicamente sus armas: las dos primeras yendo hacia una dirección y la tercera hacia otra, siempre bajo el compás musical de Williams y la fluidez fotográfica de Kaminski, dejando clara la confusión de los personajes y ridiculizando la autoridad que representan.

They are all gone

Fueron esas las palabras con las que el periodista Jim McKay terminó de anunciar la muerte de los rehenes israelíes que fueron secuestrados por el grupo terrorista Septiembre Negro, en los Juegos Olímpicos de 1972. Esta tragedia, y sus posteriores represalias, fueron adaptadas por Spielberg en Munich (2005), un relato que, como en gran parte de su filmografía, pone a un hombre ordinario frente a circunstancias extraordinarias, comprometiendo su círculo más íntimo y el legado de quienes lo integran.

Su sombría y desesperanzadora atmósfera complementa una milimétrica puesta en escena que contrasta con la fragilidad de sus personajes, generando secuencias donde, conocido el desenlace, encontramos tensión e incertidumbre en su agudo y sensorial desarrollo.

Los sacrificios del patriota

Con una inmaculada entereza moral, el abogado de seguros James B. Donovan enfrenta el reto de intercambiar a Rudolf Abel, un espía ruso capturado por los Estados Unidos, por dos de sus compatriotas, al mismo tiempo y en lugares distintos de la República Democrática Alemana, en plena guerra fría.

El Puente de los Espías (2015), en lo que a género respecta, es la más heterogénea de esta pequeña lista, ya que se ampara de distintos tipos de emociones para mantener el interés del espectador. La candidez y ligereza de ciertas secuencias es a veces seguida por un visceral retrato del contexto histórico que condiciona a los personajes.

Pese a ello, las interpretaciones de los oscarizados Tom Hanks y Mark Rylance, junto a la desaturada cinematografía de Janusz Kaminski y el tacto de Spielberg por convertir el guión de Joel y Ethan Coen en imágenes que se incrusten en nuestra memoria, hacen de este un prometedor precedente para lo que el director de 71 años nos regale este 2018.

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