Alela Diane & Wild Divine: Femme fataleMaxime (Fotos: Maxime Dodinet) 25 octubre, 2011 Parece extraño que uno pueda sentirse algo cercano a una artista con quien solamente compartió unas palabras tontas cuando lo vio una ocasión, un día de marzo del 2009, en la última planta de uno de los hoteles más grandes y lujosos de Austin, Texas, dentro del SXSW (South by Southwest). La primera vez que me topé con Alela Diane fue cuando publicó su primer y magnífico disco “The Pirate’s Gospel”. Descubrí en aquel momento a una joven americana que compartía con todos su visión del folk y del country, con raíces de los nativos americanos. Alela contaba esa América desconocida, desértica, tranquila y auténtica. Ese primer testimonio discográfico dejaba imaginar que asistir a un directo suyo se podría asemejar a algo místico, a veces oscuro pero tan bonito. La vida hizo que, con ocasión de un viaje muy especial a mi propio país, tuviéramos la oportunidad de escucharla, de mirarla, de callarnos delante de tal talento y belleza natural… De esos conciertos que marcan para siempre y significan tanto aunque pasen los años. Le pude decir cuanto me había emocionado aquel primer concierto cuando compartí esas escasas palabras en Austin, sentía que tenía que decirle eso, contárselo… El contexto era diferente, aunque no había pasado tanto tiempo entre una actuación y otra. Esa vez, me encontraba literalmente a sus pies, sentado en el salón de la última planta del lujoso hotel, atento a las canciones del segundo disco que acaba de publicar. Algo había cambiado ya, Alela parecía ya otra, casi más pendiente de su bajista y novio, que de dar todo lo que podía en el escenario… Su padre, presente en su carrera desde sus inicios, observaba en silencio. Alela había cambiado, hasta físicamente, ya no era la joven con sus trenzas indias y blusas anchas. Ahora se pintaba los labios, quería seducir (¿a su bajista?), se vestía de forma femenina. Esos detalles no hacían que su voz no me procuraba las mismas emociones, no, pero el sentimiento general era diferente, Alela parecía en búsqueda de su propia identidad. Dos años después y un disco más tarde, Alela me ofrece una primera despedida valenciana en la sala El Loco. Qué pena ver que tan pocas personas estaban dispuestas a asistir a tal momento. Alela es ahora una mujer, atractiva tanto como cuando está callada como cuando está cantando. Su bajista (su novio) sigue aquí pero ahora lleva la de seis cuerdas. Su padre, eterna voz segundaria de su hija también, y esto funciona, mejor que nunca. Alela se ha encontrado, convence haga lo que haga, su voz de un natural abrumador cautiva, abre el camino hacia las emociones más profundas. Es en resumen lo que se vió en El Loco: una songwritter espléndida, con grandes canciones y acompaña de una gran banda. Alela recorrió sus tres discos para ofrecer uno de estos momentos que anhelamos tanto los que la conocemos… Era martes, 60 personas se habían desplazado, pero volverían a sus casas, más felices; no tengo ninguna duda de ello, con la sensación de haber asistido a algo único, algo que cuenta… Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ