Grupo: Sr. Chinarro
Sala: Deluxe Pop Club

Escribo esta crónica con algún kilo de menos. Lo que uno esperaba que fuera íntimo, se convirtió en superpoblado y, como nos temíamos, el tirón de Sr. Chinarro (aunque anunciado con pocos días de antelación) sobrepasó las dimensiones de Deluxe Pop Club; garito sin duda recomendable y valiente en sus apuestas al que no se le puede tirar en cara más que la ilusión por departir buena música y la de ver actuar, entre sus cuatro paredes, a algunas de las estrellas más rutilantes del indie patrio.

El protagonista apareció, de repente, entre el público. Luciendo bronceado y bajo una barba que le hacía asemejarse a otro loco genial como el Capitán Hadock, atravesó el abarrotado local casi inadvertido y ocupó, cubata en mano, su lugar en el escenario. Únicamente una acústica Gibson y el bajista José Tejada como montante para un bolo de casi dos horas que, aunque exclusivo, puso de manifiesto que Chinarro mejor y con más chicha acompañado de banda eléctrica.

A preterir los ríos de sudor y la complicada visibilidad no ayudó el amigo Antonio Luque eligiendo para comenzar un repertorio que, literalmente, él mismo dijo: “ayudarme a cantarlas porque de algunas letras no me acuerdo ni yo”; tómenlo como una suerte o como un suplicio, el sevillano optó para comenzar por temas tan rebuscados en el baúl de los recuerdos como “Desilusión” (una rareza extraída del single Pequeño Circo datado en 1993), “Bye Bye” (una canción sobrante y casi desconocida que parió al abrigo de Acuarela en el 94) o “Su mapamundi, gracias“ (otro caprichoso tema del single Lerele allá por el 97). Cágate, un genio.

Nosequé-Nosecuantos también tuvo su momento en una actuación que fue in crescendo en el tiempo hasta topar con una de sus canciones magnas, “Quiromántico” (1997), parte de El porqué de mis peinados. La llegada de los estribillos y una melodía reconocible por la tropa animó el hirviente lugar que hasta el momento se preocupaba más por abanicarse y tratar de entender lo que Luque, con su sorna y sequedad habitual, mascullaba entre composición y composición.

Con estas canciones comencé a pagarme la hipoteca”, anunció Luque dando paso a “El rayo verde”. Y así, con el cambio de siglo, alguna gente olvidó un poco la calima y se arrancó con coros y palmas. De El fuego amigo (2005) también cayeron temones como “Dos besugos” o “Morado” que bien valieron el esfuerzo. El mundo según (“Del montón”, “Esplendor en la hierba”, “La decoración”, “El lejano oeste” o “Militar”) y Ronroneando (“El gran poder o, por supuesto, “Los ángeles”), completaron la extensa actuación que demostró que la naturalidad y la mágica apatía con la que recita el pop-autor andaluz pueden hacer que más de 100 personas decidan apretarse, un jueves noche, por un verso suyo.

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