Grupo: MTV Winter: Franz Ferdinand, Mando Diao, Starsailor y Polock. (Por A.Verdeguer)
Sala: Ciutat de Les Arts i Les Ciències

Esta crónica, crítica, relato o lo que sea podría partir desde varios puntos. Podría empezar diciendo que la organización (la directa y la indirecta) olvidó por segundo año consecutivo el refrán que dice “la música amansa las fieras”. Que resulta un tanto desagradable tener que andar a escondidas para tomarse algunas copillas antes de entrar a un recinto rodeado de agentes del orden al acecho del botellón y jugarse la velada en el intento de colar cualquier líquido con algunos grados de más sin ser ningunos delincuentes. Que a esa supuesta seguridad sobona de bolsos y macutos le colaron más de una y en el estanque seco de la Ciutat de Les Arts i Les Ciències nadaron al final litronas, rones, infinidad de latas y algún que otro vidrio que en su momento guardó un bebible rosado espumoso italiano. Que esto, por supuesto, no era la visita del Papa. Era un concierto de rock, y como tal será mejor dejar de lado esas menudencias y hablar de música que es lo que toca. Podría también comentarse el por momentos pésimo sonido, y se hará, pero no ahora. También estaría bueno arrancar rogándole a Santa Cecilia que le conserve a Alex Kapranos esa genialidad para manufacturar un hit tras otro y adjetivando sin cansancio el concierto ofrecido por los escoceses Franz Ferdinand. Pero esto es Vinilo Valencia, y esta crónica tiene que empezar hablando de Polock.


Porque en poco más de un año, Polock, que se presentaron en público el 5 de enero de 2008 en la sala Wah Wah en un fiesta Vinilo Valencia, ha conseguido subirse a un escenario tan inmenso como las bandas con las que compartía terreno: Starsailor, Mando Diao y, sobre todo, Franz Ferdinand. Y además lo hacía en casa, en la modernidad blanquecina del ampuloso conjunto calatraveño de la ciudad de Valencia en un sarao que llevaba por título MTV Winter, capaz de reunir 35.000 personas.

El no va más. Pasaban unos minutos de las ocho de la tarde, Papu, Paul, Sebas, Alberto y Marc, Polock, se subían al escenario. Miraban al público. Se miran entre ellos. Era todo de verdad. Más que nunca estaban cada uno en su sitio y los instrumentos en su posición. La baquetas marcaron el ritmo, un, dos, tres, y con los titubeos justos empezó a sonar High on life. En el último tramo de la canción la apariencia era de que la banda ya tenía controlada la situación y, tras la presentación ante un auditorio que saltaba con creces las 10.000 personas (y subiendo), nada mejor que seguir con uno de sus ases, esa Tangerines & Unicorns, que de siempre ha tenido marchamo de temazo y que esta vez podía campar a sus anchas en espacio y vatios de sonido más que nunca. Los Polock le dieron coba y la disfrutaron más al saberse protagonistas ante un público que respondía a su melodía, que eso es lo que verdaderamente importa.

La prueba se daba como superada. Habían demostrado su autenticidad y clara su modestia aquí como en cualquier otro escenario menor, también sus influencias (¿por qué no?) en Faster Love y Night Shot, y la personalidad de su sonido, que volvió a destacarse en la otra joya que guarda su primer EP, esa que se lleva por título Nice to meet you y que es suficiente motivo para que la banda siga tratando de superarse y que el público la siga aunque no sea precisamente en estos conciertos de pelaje macro. La música recogida siempre se escucha mejor.

Aunque sólo si tu banda se llama Franz Ferdinand, es uno de los grandes estandartes del última nueva ola y, ante todo, posees un colección de hits irreprochable, eso puede pasar a un segundo plano porque sonar va a sonar bien aunque sea por obligación.

Esa era, junto a la actuación de Polock en su gran oportunidad, la gran duda que despertaba esta segunda edición del MTV Winter: si se iba a tener la ocasión de disfrutar de la mejor versión de una de las mejor bandas del momento, Franz Ferdinand.

La duda obtenía respuesta afirmativa rápido. Tras atacar la que es la tercera canción, No you girls, de su tercer y último trabajo por ahora, Tonight (Domino, 2009), la ovación se cerraba en todo el recinto ya a rebosar hasta el mismísimo jamonero, ese calatraveño, mastodóntico y feo puente que le ha puesto un nuevo techo a la ciudad de Valencia y que también llaman del Assut de l’Or.

Alex Kapranos era el auténtico maestro de ceremonias. Totalmente entregado a una masa que como pudo empezó a contonearse al ritmo de esa guitarra que comandaba a los de Glasgow, que no podían dejar de sacudir un hit tras otro. La prueba es que no hizo ni falta guardarse para las postrimerías los ya clásicos Take me out o Do you want you, y que tras acabar con su último single, Ulysses, el primer tramo del concierto, lo que se suponía que iba a ser un bis sobrepasó los límites del concepto y más bien tuvo forma de otro concierto.

Michael elevó el listón entre tanta canción incitando el baile y la banda puso el penúltimo punto y a parte alrededor de la batería y con todos dándole a la percusión. Y cuando parecía que ya la cosa acababa ahí, no hicieron sino arrear con otro más para definitivamente alzar las guitarras: hasta aquí. Cualquier expectativa quedaba superada. Los Franz Ferdinand habían clavado un concierto echando mano de una teoría que quedó por desvelar, esa que da como resultado la elaboración de lo que es sin más una canción redonda. Con las ganas, lo primero que se nos ocurre es rogarle a Santa Cecilia que les conserve ese don.

Porque no apetece mal pensar, pero no deja de ser sospechoso que mientras las guitarras de los escoceses sonaban impecables y contundentes, justo unos minutos antes un grupo eminentemente guitarrero como Mando Diao perdía todo su encanto en un pésimo sonido que misteriosamente se solucionó para la última actuación de la noche. Los suecos Mando Diao no brillaron en su rock más garagero, y sus cuerdas se hicieron prácticamente inapreciables en un concierto en el que predominaron temas de su segundo álbum, Hurricane bar (Mute, 2005) y en el que el single, Dance with somebody, del su próximo trabajo, Give me fire, es de los pocos que triunfó de verdad en su directo.

Antes el sonido no le había jugado ninguna mala pasada la banda de Manchester, Starsailor. Su mayor sensibilidad estilística fue capaz de alcanzar buena parte del amplio recinto y canciones como la intensa Four to the floor quedan todavía en el regusto de una noche, que empezó con Polock en el mejor principio de todos y acabó con Franz Ferdinand dando toda un lección.

* Imágenes audiovisuales del concierto en:
www.vinilovalencia.com/noticias.php?id=912

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