Hay una generación que creció empujada por el rock, que mantiene una misma actitud y que la cultiva en cuanto puede y las circunstancias vitales se lo permiten. Una generación que, boca a boca, fue escuchando bandas que de la fuerza, la actitud y el ritmo hicieron bandera. Una generación que nació en una época de cambios y a la que la sangre le bombea a guitarrazo limpio. Una generación que por un concierto ‘de los de verdad’ y cuatro cervezas lo da todo. Porque así es como fueron educados, sin respiro.

Una buena representación de esa generación se dio cita en Wah Wah porque uno de sus referentes se anunciaba, The Bellrays. Banda californiana en formato de a tres: guitarra, bajo y batería; y una mujer negra, Lisa Kekaula, con una voz todopoderosa. Ella junto a Bob Venuum pusieron en marcha esto que pasados 20 años es referente del rock, soul, del funk y sin apurar puede que uno de los más dignos representantes del punk.

Asociados con el tiempo, ese que no les causa mella alguna a la hora de entregarse de forma total, The Bellrays hizo demostración de todos y cada uno de los géneros en algo más de una hora. Un concierto –repetimos– ‘de los de verdad’, de los que no da ni tiempo para respirar, de canción enlazada a canción. Como una apisonadora, tuvo que ser el público el que se tuvo que enganchar al ritmo frenético, tal vez demasiado acelerado y que hacía perder matices que sí da la banda grabaciones de estudio. Pero debe ser que su rol lo tienen más que asumido y por eso cumplen a la perfección su deber para con aquella generación que no escucho más que rock.

La fuerza y entrega con la que pasaron por València fue toda una demostración para muchas bandas de reciente creación, pero como siempre pasa más de uno se perdió un bolo de más que recomendable asistencia. Luego Venuum y Kekaula todavía tuvieron fuelle para departir con los fans. Todo un detalle que es mucho mayor si se conoce que hasta el 4 de diciembre todavía les quedan 20 conciertos entre Francia y Alemania. Algo así, entre otras cosas, debe ser el rock & roll.

Antes del torbellino Bellrays pasó por el escenario Jesse Malin and The St. Marks Social. Otro tempo, otra forma de sentir la música. Entre quienes lo habían presenciado había quien decía que el suyo había sido el concierto de la noche. ¿Mejor que los Bellrays? Pues aunque parezca complicado, puede que sí. En noches así uno se lo cree todo.

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