Siempre he tenido claro que la sencillez y el placer de las cosas bien hechas son la mejor forma de ganarse el respeto y la admiración de los que te escuchan. Si alguno de los lectores estuvo la noche pasada en la Sala Loco, sabe de lo que estoy hablando.

El ambiente previo al concierto auguraba que iba a ser una noche más que interesante. Y es que siempre es de mi agrado llegar a una sala y encontrarme con un público diferente, un público predispuesto, que sabes que no están allí de paso y que sobre todo sabes que aprecian y entienden.

Sobre esa tesitura era de esperar que tras la primera canción, Maderita tomase el timón de la noche y nos llevaran de su cálida mano a recorrer cada una de las estaciones que conforman su trabajo. Un sonido impecable, las acústicas de Xema y Caio eran la personificación del buen gusto, arreglos con mucha clase, que casaban a la perfección con el saber hacer de Julio Bustamante.

Jorge Pérez no quedaba ni mucho menos en un segundo plano y es que su voz se hacía tan necesaria como los coros del resto de la banda. Ahí es cuando llegas a la conclusión de que hay dos formas de disfrutar el concierto, una sumergiéndose en los arpegios y las guitarras folkie de “los Ciudadano” o dejándote llevar por las armonías vocales perfectamente conjugadas.

A destacar las interpretaciones de “Amor pagano” , “ La suerte“, “Cims i abismes“, “La mujer que no” y la preciosa” Paraísos de ilusión“. Y es que estamos ante composiciones que rozan la poesía y que convierten cada canción en una pequeña obra capaz de trastocarte por unos segundos.

La velada transcurrió entre bromas y elogios tanto por parte del público como de los artistas. Una conexión íntima que te hacía esbozar una sonrisa al sentir que estabas en familia .Una gran familia comandada por un Julio Bustamante brillante y cercano.

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