Como comerse un plato recalentado tres días después de ser hecho. Como consumir una botella de cava que lleve una semana abierta en la nevera. Como tratar de revivir las mismas sensaciones junto a esa persona que en su momento lo fue todo…las metáforas que tratan de describir las sensaciones generadas por la vuelta de grupos históricos se suceden día tras día, y generalmente suelen tener ese cariz, entre el desencanto y la apatía.

Y es que cada vez da más pereza toparse con retornos que no buscan más que exprimir hasta sus últimas consecuencias el circuito nostálgico de música en vivo, un filón que en absoluto puede servir para reforzar la idea de que hoy en día no se facture buena música. Lo mínimo que se les puede pedir a casi todos esos grupos es que, al menos, teniendo en cuenta que difícilmente logren atrapar el mismo hervor sobre los escenarios después de 10, 15 o 20 años de inactividad, no destrozen inmisericordemente su legado.

Y eso es precisamente lo que hicieron los Godfathers a su paso por Valencia, representar muy dignamente una función en la que los protagonistas eran, casi veinte años más viejos, los temas que integraron sus soberbios tres primeros álbumes, “Hit by Hit”, “Birth, School, Work, Death” y “More Songs Abot Love and Hate”, de 1986 a 1989.

La formación era la original, la misma que les dio forma. La sonorización fue impecable (Mirror lleva unos meses destapándose como la mejor sala de la ciudad). Y la recuperación de su mejor temario por parte de los Padrinos, fluida, solvente y rocosa.

Nada que ver con sus últimas visitas a Valencia a mediados de los 90, en ese par de desangelados conciertos que ofrecieron en la sala The Central-más tarde Ku-de Manises-. Es lo que petardazos como “Cause I Said So”, “This Damn Nation”, “Love is Dead”, “When Am I Coming Down” o “Walking Talking Johnny Cash Blues” demandaban: que se les tuviera el debido respeto para volver a sonar sobre un escenario.

Que su iracunda energía no sonase demasiado desbravada. Y es lo más cerca que posiblemente hayan estado The Godfathers de volver a inocular sangre a un repertorio que merece ser rescatado del olvido y degustado por quienes no pudieron hacerlo en su momento. La afilada sensación de peligro que desprendían sus canciones no es fácil de encontrar en las bandas de nueva generación.

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