Grupo: Doctor Divago
Sala: Wah Wah

Doctor Divago se dejó la piel en el concierto especial con el que celebraron su 25 aniversario en casa. A modo de antología y homenaje, y más allá todavía de los límites propios que marca la historia y trayectoria del Doctor. Manolo Bertrán y los suyos abrazaron, además, a los maestros y reivindicaron una forma de hacer rock de tremenda personalidad e integridad. Así, cuando ya el recital había servido para demostrar una vez más todo aquello, las virtudes y fuerza del doctor a través de su repertorio, subieron a las tablas del Wah Wah referentes del rock valenciano como Cisco Fran de La Gran Esperanza Blanca, Julio Galcerá y Víctor Ortiz de Los Huracanes.

Y ahí fue cuando el concierto se convirtió en un pedazo de esta pequeña historia, traspasando la barrera de las emociones: la versión del ‘Paint in black’ de los Rolling en la voz de Galcerá, agarrado al micro, vibrando y empujando al rock, al frente de los Doctor Divago; o la actitud de Víctor Ortiz, que, sin importar que su guarismo ya marque los setenta, nada más pisar las tablas el rock se le salió por los poros de la piel. El homenaje trascendió y todo eso se convirtió en uno de los más bellos cuadros sónicos que el rock valenciano nos ha dejado en toda su existencia. Historia, homenaje y personalidad arrebatadora.

Está claro que los Doctor Divago saben de dónde vienen y lo que tienen entre manos, todo lo que han creado, y así lo defienden. En eso son auténticos púgiles. Se arriman como condenados y reivindican con absoluta libertad lo que han ganado. Por eso el rock también es grandeza. No ya por los 25 años de trayectoria, sino por la línea marcada durante ese tiempo y diez álbumes, por la claridad de las ideas, el mundo propio, las formas, la coherencia y un repertorio que alcanza en estudio y, sobre todo, en directo el nivel de los elegidos. Es más, si el rock ahora mismo en este país tiene tres bandas por las que se podría apostar, una es Doctor Divago.

El concierto tuvo tintes de antología. La banda se explayó a lo largo y ancho de su obra y puso sobre la palestra sus clásicos de ayer y hoy. Algo así como el directo de lo que recoge el recopilatorio ‘Especial de la casa’ que acaba de ver la luz. Fue del rock de tintes más clásicos y bluseros a la luminosidad pop, haciendo gala de una versatilidad envidiable. La voz de Manolo Bertrán brilló con especial intensidad, preñada de todos los matices de quien siente de verdad lo que hace. La actitud quedó patente. Quien mejor la dibuja en escena es la imponente y misteriosa figura de Antonio Chumillas, quien a través de la armónica eleva las canciones cuando ya parece imposible. David Vie a la guitarra, Asensio Ros ‘Wally’ a la bateria, el bajo de Edu Cerdá son –como decíamos– tres elegidos en lo suyo.

‘Eva’ sigue siendo un hit, ‘Los tontos buenos tiempos’ se coreó como un himno. El público, intergeneracional. Muchos amigos de los de verdad. La sala, prácticamente llena. ‘El taxista de memoria fotográfica’ tuvo tintes hipnóticos. ‘Silencio’, ‘Gracia Imperio’, ‘La habitación de Charo’ o el cierre con ‘Tirando a dar’. Un repertorio envidiable en más de dos horas de concierto. Manolo Bertrán quería más. Los homenajes empezaron dubitativos pero a la postre se convirtieron en inolvidables, tanto que para encarar la recta final el concierto se tuvo que repensar. Las emociones del 25 aniversario ganaron la partida. De eso se trataba.

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