Grupo: Tirano
Sala: Azza, Palau Alameda

La Belladona es una planta de bellísimas flores sumamente venenosa, que, administrada de forma correcta, tiene fines terapéuticos. Es en esa sensualidad intrínseca de lo prohibido, de algo que en pequeñas dosis te salva y en altas dosis te ahoga, donde coexisten los dos últimos adelantos de Tirano (Dios nos perdone, una visita guiada por la lujuria a nuestros rincones más oscuros y Antes, la historia de algo que muere antes de empezar).  Tirano en sí es una danza entre la luz y la oscuridad, la sensualidad y la violencia, conceptos palpables en todas las facetas del grupo valenciano, desde las canciones, a la estética, la puesta en escena y el diseño de arte.

Habiendo pasado un año desde la presentación de Somos Dolor, y tras haber tocado en el Mad Cool, en diferentes salas de Madrid, en Sevilla y en la Marina de València, Tirano eligió la sala Azza del Palau Alameda (un espacio que está alcanzando cada vez más presencia en la escena musical valenciana) para la presentación de su segundo trabajo, en una noche con una oferta cultural amplísima en Valencia.

Si Tirano es un proyecto que aúna de forma ejemplar las posibilidades que surgen de la creación entre personas casi desconocidas, con las reminiscencias de los proyectos pasados de sus componentes, Belladona tiene el poso de Somos Dolor, pero con una esencia renovada, tanto a nivel musical (con unas melodías más complejas, reforzadas con nuevos sonidos), como a nivel estético, con un concepto artístico que dota de sentido y envergadura a un disco que promete colarse entre los álbumes valencianos más aclamados del 2019.

En cuanto al concierto del pasado 8 de noviembre, el grupo valenciano deleitó al público asistente con un espectáculo enérgico y arrollador. El escenario es su elemento. Y lo saben. Siempre bien amparados por unos fijos que reservan las citas valencianas de Tirano a rojo y en negrita en el calendario, el calor y la fuerza eran palpables en cada rincón de la sala.

Contaron con la presencia en temas puntuales de Adrián Álvarez y Ander Bengoa (miembros de Rubick y colaboradores esporádicos de Tirano) y, como no podía ser de otra forma, la participación estelar de Miguel Ángel Escrivá, de Santero y los Muchachos.

El repertorio, que incluyó una versión del Por qué te vas de Jeanette, culminó, ante la persistencia del público, con una reinterpretación de Dios nos perdone, canción que abrió el concierto y que era, en ese momento, su último lanzamiento, y con Salvajes, ese magnético “pasen, son bienvenidos a nuestra hoguera familiar”, que abría los conciertos de la gira anterior.

Por último, cabe destacar la increíble puesta en escena de luces, llevada a cabo por Vitamin Studio que, sin duda, supieron captar esa danza entre la oscuridad, la luz y la sensualidad de la que hablábamos al principio.

En definitiva, la del pasado 8 de noviembre, fue sin duda una noche indeleble en la historia de Tirano, con la fuerza que les ha caracterizado desde el inicio, pero con un proyecto más adulto, más a gran escala, un proyecto que, al igual que la Belladona, es terapéutico y va directo al sistema nervioso.

Texto: Rocío Tuset

Imágenes: Vikpamnox

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