Poder ver a este dinosaurio de la música (para los que no les suenen recordar que fue el vocalista de CAN) encima de un escenario es bastante inusual en nuestro país, pero si además va acompañado de bandas como Zener o Thee Belvis Underground Experiencie, la exquisitez sonora se multiplica.

En total pasó por Barcelona, Valencia, Madrid y Zaragoza con grupos de cada ciudad. La presente tuvo la suerte de verlo, oírlo y disfrutarlo en Valencia y Madrid, en dos escenarios y noches muy distintas siendo la misma voz. En ninguno de los conciertos cantó palabras reconocibles, sonoramente se acercaban al inglés, pero hacía su propia tela de araña con una voz hipnotizante, estribillos llenos de matices que se ajustaban a lo que sucedía a su alrededor sin perder su independencia.

La Sala Octubre fue el marco intelectual del encuentro Damo-Zener; intelectual por aquello de que dicha sala es más un lugar de exposición, charlas y seminarios que de conciertos propiamente dicho. Dejar al público sentadito como si fuera a ver una película limitó el goce de lo que estaba por venir. Un salto en seco del japonés iniciaba un loop sonoro de más de hora y media. No hubo pausas. Los Zener, menos exuberantes y estridentes pero con la misma contundencia de siempre arropaban a Damo haciéndolo uno más del grupo.

Y para más exquisitez estuvieron acompañados por Rubén García y el frenético Marcos Junquera, el que fuera batería de Estrategia Lo Capto! que sigue con Ciudadano. Una improvisación a seis manos con momentos realmente brillantes donde perdías toda noción de tiempo y espacio y también momentos incómodos, repetitivos, nada agradables pero que enganchan y atraen de una forma inconsciente para saber hasta donde son capaces de llegar (típico Zener). Al salir no sabías si había sido un concierto o un sueño “noise” de David Lynch.

La actuación de Madrid no tuvo nada que ver. El público de La Boite (si, esta vez una pequeña sala de conciertos de lo mejor de Madrid acústicamente) venía del mundo de lo más underground de la ciudad. Músicos por doquier que querían ver a este pequeño gran hombre haciendo de las suyas. No hubo salto inicial y sí muchos parones que hacían pensar en ocasiones un atisbo de canción ya preparada aunque la noche se supone que iba de improvisar…

Thee Belvis Underground Experience sonaron más rockeros y bailabes que sus predecesores valencianos pero también menos creativos . Sus ritmos sesenteros y la frescura del batería (que en realidad es guitarrista) acercaban la música al público pero Damo pasaba un poco más desapercibido, tal vez porque de vez en cuando se sumaban al escenario amigos músicos llegando a ser en ocasiones hasta 10 personas que no podían ni moverse. El invitado oficial en esta ocasión fue Javier Díez-Ena (el contrabajo de Dead Capo) poniendo más psicodelia al asunto tocando el theremin. Siguiendo con el símil cinéfilo, éste fue más un concierto propio de Cassavetes.

Tanto unos como otros disfrutaron de la presencia, humildad y buen hacer de Damo, un hombre siempre con una sonrisa en la boca, que va viajando por todo el mundo y organizando conciertos improvisación con el único instrumento que siempre lleva a cuestas, su voz. Ajeno a las modas, a los medios de comunicación, a la industria de las discográficas… Damo ha hecho de la música una filosofía de vida en el sentido amplio de la expresión. Libertad y creatividad. Sin duda una exquisitez difícil de volver a ver.

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