Grupo: Johnny B. Zero
Sala: Loco Club

Eran las diez de la noche del viernes 2 de octubre. Por las calles de la ciudad de las flores todavía se sentía la desazón de una sociedad azotada por lo que ya es la enfermedad por antonomasia de siglo XXI, y bajo la luz de las farolas, un grupo variopinto se arremolinaba frente a la puerta de Loco Club. En su interior, un centenar de sillas esperaban ansiosas al público de una de las bandas rock más transgresoras del panorama musical: Johnny B. Zero

El ambiente que se respiraba era un batiburrillo de tensión e incertidumbre. La gente se sentaba recelosa siguiendo las medidas establecidas para mantener la distancia de seguridad, y por todos los rincones de la sala se oían conversaciones lastimeras. La música incita a estar de pie, a bailar y abrazar a tu amigo. Todo parecía un cine de verano sombrío, cuando las luces del escenario rompieron el hechizo y el saxo de Pablo P. Soriano junto con la trompeta de Adrián Cruces empezaron a sonar. El espectáculo había empezado.

El grupo, liderado por Juanma Pastor, abrió el concierto de presentación de su nuevo disco «Metonymy of Sound» (Autoeditado, 2020) con el ya clásico-moderno Planted like a tree. A partir de ahí, los valencianos desplegaron su repertorio de canciones irreverentes, atípicas y con cierto regusto a funck que ya eran conocidas por los asistentes, pues pese a tratarse de su último trabajo, los temas y algunos videoclips habían sido publicados en redes sociales de forma racionada desde los últimos cinco meses. 

People, Family y Biscuits fueron algunos de los singles más aclamados. También se regresó a temas antiguos que despertaron el furor de sus parroquianos como la archiconocida Plastic Shovel, primer tema de su tercer disco «Suicide Watermelon Stories» (2018). 

Desde el inicio del concierto, era palpable que no todo estaba como debería. El público bailaba sentado en una silla plegable y la barra permanecía sumida en un profundo letargo privada de todo protagonismo. Nadie sostenía la cerveza mano en alto, ni se oía el tintineo de los vasos entre canción y canción. Se echó de menos hasta la adherencia pegajosa que presenta el suelo cuando cae refresco. Estos y muchos otros aspectos se manifestaron esa misma noche en Loco Club, configuraron el mosaico de la que ya es la nueva normalidad; o como dijo el mismo Julio Fuertes apoyando la petaca sobre el sintetizador, “la mierda de nueva normalidad”.

La banda no dudó en ofrecer un espectáculo plagado de humor y espontaneidad que el público agradeció con risas socarronas; especialmente aquellas chicas venidas de Zaragoza que, como fans homologadas, habían retado a la distancia haciendo acto de presencia en tercera fila. Entre aplausos y chascarrillos, no faltó tampoco el elemento reivindicativo desde el escenario, señalando las dificultades que suponía hacer música en directo en los tiempos que corren y pidiendo el apoyo para todas las salas de música. “A todos los músicos que estén en el público y tengas proyectos: todas las bandas a cuidar a las putas salas. Amor al Loco Club”.

Sin duda Johnny B. Zero ofrecieron un concierto del que se sentirán orgullosos el día de mañana. Siguen siendo frescos, nunca caen en lo trillado y se saben rara avis. Retaron a la nueva normalidad y salieron victoriosos. No quedó boca que no tarareara sus temas bajo la mascarilla. No han perdido su esencia, son más ellos que nunca, y si para alguien es un consuelo, es para el mismísimo rock and roll.

 

Crónica y fotos: Sergio Calvo Vilaplana 

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