Grupo: Madee
Sala: Wah Wah

El principio del final de los catalanes Madee tuvo su primera parada en València –tras un primer bolo en Sant Feliu de Guixols– y vino bien para despejar dudas. El compromiso se toma sin la presión de un adiós obligado. Se afronta con total respeto a un sonido, a una potencia y a una colección de canciones importante que de siempre albergó el sello BCore. La pena es que el show siempre se dejará alguna en el tintero, eso es inevitable. Pero por delante, seis citas únicas que se prevén a más. De eso se encargarán unos Madee dispuestos a dejar su trayectoria en ese hueco de la memoria que bien se merecen.

Lo que son las cosas, la sencillez se impuso a un sonido que aun recargado se ciñó a la melodía. Aunque a ciencia cierta no sea así, The New Raemon mató a Madee. La perspectiva ahora descubre que el primero es la desnudez de una fornida y eficaz estructura, la del segundo. Otra conclusión tras el concierto es que el proyecto de Ramón Rodríguez (Raemon) concita en mayor número al género femenino; Madee, al contrario. Las decisiones del público siempre fueron dignas de estudio.

La entrada que presentaba Wah Wah un lunes y buen día era más que aceptable. Se anuncia el concierto un viernes y se dobla el personal. Pero es lo que hay. La gira de despedida se ha organizado sin apenas tiempos muertos. Hoy València, mañana Málaga y así hasta el próximo 18 de febrero en Mataró. Despedida y cierre.

La banda se cogió rápido. Sin andarse por las ramas de los sentimentalismos. Canción tras canción. Potencia y emotividad. Tres guitarras frente a un bajo soberbio. El sonido bien alto y palpable en cada matiz. Llegando adentro. Y la voz, mejor cuando más desgarrada. Siempre. Y el martes seguro que más de un oído amanecería todavía aturdido. Madee quiso sonar sin cotemplaciones, y a veces se propasaron.

El repertorio se compuso de 18 canciones, las que todavía (o las que más) gustan a Ramón Rodríguez, Marc Prats (teclado), Adam Vives (Guitar), Pep Masiques (Bass), Lluís Cots (Drums) y Capi (Guitar). Mucho peso se llevó su último álbum 'L’Antartica' (2007) con 'Transference #2' –anunciada como la única de la banda que llegó a sonar en MTV–, 'I am a green swimmingpool', 'Polonium' o la propia 'L’Antàrtica'. 'Orions belt', prendió la mecha del concierto, y del álbum del debut de hace prácticamente un década, 'Songs from Cydonia', 'Impulsor' o 'The Asteroid is falling' para reivindicar su plena vigencia. Por eso la oportuna y merecida despedida en el momento apropiado para hacer memoria.

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