Grupo: Maga
Sala: Sala Wah Wah

Nos estrenábamos en conciertos sin fumadores con los sevillanos. Dejando de lado los debates “en favor o en contra”, era curioso observar como la atmosfera de la sala Wah Wah, y a pesar de las más de 200 personas que la poblaban, no presentaba nubes de humo. Maga venía por segunda vez en menos de un año y se auguraba despejada y espléndida noche para disfrutar.

Comenzaron las canciones y una extraña sensación de que algo no funcionaba bien se apoderó del espacio. El ambiente era tibio (entre el público y la banda había casi un metro de espacio) y la elección del repertorio (todo el disco nuevo en la primera mitad) tampoco parecía la acertada. Un sonido irregular y los problemas técnicos de Javi Vega con el bajo Gibson tampoco ayudaron.

La puesta en escena actual de la formación andaluza destierra toda sombra de electrónica y canjea el pop limpio y melódico por un rugoso rock que le sienta bien a las canciones de A la hora del sol, pero que perjudica a algunos de los temas más clásicos de la banda como “Agosto Esquimal” o “Astrolabios”. Psicodelia y suciedad por limpieza y esas bases electrónicas que, la verdad, todavía se echan de menos.

Tras ventilarse el nuevo disco en la primera parte del bolo, nos invitaron a conocer su versión más cercana y acústica. “Dormido” (del Blanco) y “El cristal por dentro” (del Rojo) fueron dos regalos que, sin duda, ayudaron a cambiar el rumbo de los acontecimientos. Para “Dormido”, además, introdujeron un Casiotone de los de antes que, según el propio Rivera, les había costado 8 euros en un mercadillo segunda mano de Sevilla. Tuvo su gracia y público y músicos se comenzaron a llevar bien. La simpatía del cantante, con nuevo corte de pelo y zapatos de difícil descripción, fue un valor añadido.

Para el tramo final se guardaron el repaso a sus tres discos anteriores. El Blanco, el Negro y el Rojo son ya una trilogía clásica del pop independiente y el respetable comenzó a elevar la temperatura a base de coros. Aunque la nueva piel en vivo del grupo no le sienta del todo bien a los temas épocas pretéritas, cuando las canciones son buenas funcionan. Eso es (y será) así.

No fue el mejor concierto de Maga, pero lo que no deja espacio para la duda es la solvencia de la banda; la calidad profesional de las cuatro partes trajo alegrías. La elegancia de Javi Vega y Pablo Cabra (también en Sr. Chinarro) al bajo y a la batería respectivamente y la poderosa voz de Miguel Rivera son premisa de emocionantes situaciones. El calor llegó con “Astrolabios”, “Un lugar encendido” o “Diecinueve” (de las de antes) y “Último mar” u “Hoy” (de su último álbum).

Un concierto de pop sin los humos de otras ocasiones. Eso sí, al llegar a casa la ropa, lejos del hedor la colilla mal apagada de costumbre, olía a rosas.

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