En un mar de dudas nos dejó Napoleón Solo en su primer directo por tierras valencianas. Sucedió en el MIMED´09, era principio de temporada y nos vendamos los ojos echándole la culpa a la acústica del pabellón donde se celebró el festival. Ahora, y tras su paso por la sala Wah Wah, el mar se torna en océano.

Cierto es que algunas de sus canciones ofrecen signos de ocurrente mezcla atemporal (pop/rock/psicodelia/disco), pero en directo perdieron la fuerza, se quedaron fofas, frente a un álbum (Napoleón Solo en la Ópera) y un Ep (Será maravilloso) que prometían más sangre y baile en directo. Incluso su primer single y apto para las pistas, “Tiene que acabar”, cayó casi desapercibido en tercer lugar y más de lo mismo ocurrió con uno de sus mejores temas, “Perdiendo el tiempo”, que llegó a mitad de la contienda.

No se trata de hacer daño, pues es evidente la juventud de la banda, el potencial y, por ende, la capacidad de mejora. Melodías tienen, pero la sensación del directo se quedó corta, se hizo dispersa; guitarras (dos eléctricas) y los teclados se difuminaron en el amplio espacio que había entre los, no llega a cien, espectadores. Detalles como el de romper una cuerda, ausentarse el frontman durante 8 minutos para recolocarla y, mientras tanto, el resto del grupo sin saber bien qué hacer: son imágenes que denotaron su falta de tablas.

Quizá pesen en ellos todas las expectativas llegadas desde los medios, los festivales para los que han sido confirmados este verano y su Granada de origen; comparaciones con sus paisanos, sobre todo Lori Meyers, son inevitables con la diferencia que los de Loja, ya desde sus comienzos, tenían ese poder de hipnosis del que Napoleón Solo adolece.

Las postreras “Lolita Carmona” o “Explota” animaron un poco el cotarro, con Alonso Díaz agudizando la voz a lo Mica y desatándose con la guitarra por los suelos en un intento que es de agradecer, pero al fin y al cabo vano, de levantar un concierto de poco más de una hora que no se hizo corto y para el que no hubo petición de bises.

Por cierto, de Eric Jiménez ni rastro…

Con los valencianos Scorsese ocurrió más bien lo contrario. Hace unos meses (en las semifinales del Concurso de Maquetas Vinilo Valencia 1.0) ya adivinamos que, sin inventar nada, gozaban de garra y frescos rasgueos indie-noventeros que nos recordaban, por ejemplo, a La Habitación Roja de sus primeros tiempos o Teenage Fanclub. Refrendaron nuestras buenas impresiones merced a guitarras lúcidas, pedales por doquier y composiciones esmeradas, en una actuación relajada en la que anunciaron nuevo disco en breves. Lo celebramos, los 90 están de moda.

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