Grupo: Betunizer + Ape, Perry & Bonette
Sala: El Loco

No hay que haber estudiado medicina para saber que un concierto de Betunizer no es la mejor terapia de domingo. ¿Qué pudo llevarme a la sala El Loco cuando el cuerpo pedía agua, meditación y fútbol? Me gusta el buen ruido y ver tocar la batería, de nuevo, a Marcos Junquera siempre es prioritario; quizá estoy un poco enfermo, lo reconozco; quizá –pensé- podría dejar la resaca para el lunes. Pero no estaba sólo: casi un centenar de personas había tenido la valiente idea de apostar por la cerveza y el noise.

El concierto lo organizaba musicadeptos.com y la presentación del primer álbum de Betunizer (El que nace para morir ahorcado nunca morirá ahogado, Becore) era una bonita excusa para echarse a las salas. Ape, Perry & Bonette se encartelaron en el último momento ya que los teloneros anunciados en primera instancia (DSM-5) arguyeron problemas de salud.

El caso es que el trío valenciano fue una grata y sorpresa. Su frontman, Nick (también en Zener o Jackson Milicia) se deshizo de la camiseta antes incluso de comenzar; un indicio de que se iba a sudar de lo lindo. Con una sencilla puesta en escena (dos guitarras afiladísimas y una batería) aquello se convierte en un vibrante baño de sangre, electricidad y escupitajos. Cuarenta minutos de power-rock visceral (bocados, saltos, eructos, esputos…buena música) al que le añadieron pequeñas y efectivas dosis de garage y vintage. La socarronería y chulería norteamericana de Nick y la clase y el morbo que irradia Lola Bonet en la percusión hicieron el resto. Muy recomendables…incluso en domingo.

Y comenzaba Betunizer. Marcos también decidió que le sobraba la camiseta antes de comenzar; la cosa se ponía interesante. Pese algunos problemas con los pedales en los inicios del bolo, Jose se mostró salvaje y certero en su voz y su guitarra; el propio Lucifer se manifestaba en sus cuerdas y pronto se le notó cómodo dentro de su posesión. La velocidad y la potencia con las que Pablo se mueve por el bajo completaron una una eucaristía de sexo, cerveza y hardcore bien dirigida por un Marcos Junquera en estado de gracia técnica y física.

Parece mentira que tres individuos puedan desatar una guerra de semejante volumen y distorsión; un sacrilegio con el que gozar para aquella jornada dominical. Ni la frialdad del público (muy quieto en casi todo momento) hizo que actuaciones como ésta deban recogerse en el Vademécum de todo psiquiatra….

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.