Grupo: Toundra
Sala: Sala Matisse

Los valencianos Lehnmotiv ya habían recogido los bártulos cuando entramos en la sala Matisse. La gente parecía satisfecha (al parecer tienen un directo notable), así que tenemos la obligación de verlos en sucesivas ocasiones.

Sobrepasaba la media noche y unas 150 personas de aspecto dispar respondieron a la llamada de la eléctrica naturaleza de los madrileños Toundra. Sólo se escuchaba el crepitar de los amplificadores en el momento que los cuatro miembros de la formación se plantaron en escena y, sin decir ni pio, comenzaron los primeros acordes de un viaje que será difícil de olvidar.

Abrieron con una deliciosa cadencia entre guitarras y bajo que olía a final catártico. Y sin darte cuenta, en el primer corte, ya te habían captado en esa boscosa tensión orgánica en que desembocan sus composiciones. Canciones que rondan los 10 minutos (no llegaron a tocar más que unas 7) y en las que uno queda atrapado sin saber si está en cielo o junto al mismísimo Satanás.

De improvisación aquello no tenía nada. Rock instrumental ensayado al milímetro que buscó en todo momento perforar la psique y el tímpano de los que nos apostamos, imbuidos por el orgasmo emocional, en las primeras filas. La ansiedad y el placer son sensaciones vecinas y Toundra jugaron con nosotros para hacernos transitar por ambas.

Al diálogo extremo entre guitarras y bajo, hay que añadir la trepidante y explosiva percusión. El cuarteto únicamente rompía la concentración, las miradas placenteras al infinito, para sonreír sabiéndose poseedores de las mentes de los allí presentes. Un público que se quedó de piedra, como un conejo al que le impacta con las largas en mitad de una carretera oscura.

Los parajes del rock son inescrutables y en su caso derivan en un retorcido juego de hardcore y metal del que resulta un lirismo dramático complicado de explicar en palabras. Como si Mogwai, Foo Fighters y Black Sabbath se pusieran a tocar, juntos, en mitad de la jungla.

40 minutos de bolo, no era necesario más. Salimos de Matisse con una sonrisa diabólica y el cerebro aturdido. Alguno debió creerse que habíamos consumido algún tipo de sustancia. Algo de eso había.

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