Antes de partir hacia Argentina donde Tulsa tiene una pequeña gira programada junto a Russian Red (aunque en diferentes recintos y fechas), el grupo vasco afincado en Madrid añadió a su agenda una visita previa por Valencia.

El concierto estaba promovido por la iniciativa Girando por salas, plan que con apoyo del Ministerio de Cultura pretende mover a distintos grupos y músicos españoles (Alondra Bentley, Napoleón Solo, Boat Beam…) por un gran número de ciudades del país. Como la misma sala Wah Wah anunciaba a través de su Facebook, se adelantaban a los regalos navideños ofreciendo un concierto de Tulsa al módico precio de cinco euros.

La noche del martes, próxima al final del puente, comenzaba pasada por agua. Conforme se acercaban las once, la sala Wah Wah iba llenándose poco a poco hasta casi completar el aforo. El grupo se hizo de rogar y tardó en salir. El no contar con telonero le ofrecía mayor flexibilidad en el horario. A éso de las once y media Alberto Rodrigo (bajista del grupo) subió al escenario para ultimar los detalles, afinando instrumentos. Poco después, entre aplausos tomaba lugar en el escenario la gran esperada de la noche, Miren Iza, vocalista de Tulsa. Ella es de esos cantantes que tienen la gran suerte de contar con virtuosos músicos a sus espaldas, dotando a su sonido en directo de una notable presencia hecha a prueba de fallos.

Esta vez no le acompañaban ni Charlie Bautista en los teclados ni Gabriel Marijuan a la batería. Desconozco si por cuestiones económicas (el rebajado precio de la entrada), incompatibilidad en la agenda de los músicos o sencillamente por decisión propia, pero en esta ocasión Tulsa optó por un formato entre el acústico y el rollo más roquero al que estábamos acostumbrados. En lugar de la batería, el citado Alberto Rodrigo ocupó una silla en el fondo del escenario, compaginando su papel como bajista junto al de percusionista (una reducida percusión compuesta por un tom de batería y una pandereta) y realizando coros cuando se precisaban. Alberto mostró así su gran versatilidad como músico (además toca la guitarra en otros proyectos). Junto a éste, custodiando cada uno de los laterales del escenario estaban Alfredo Niharra y Miguel Guzmán a las guitarras terminando de perfilar el sonido “Tulsa”. El despliegue de músicos citados tienen el envidiable currículum de acompañar a parte de a Miren Iza, a músicos de la talla de Christina Rosenvinge o Russian Red, además de tocar en bandas como Zodiacs o Amigos imaginarios. Todo un lujo.

El concierto dio comienzo con el tema “El duelo” de su último disco Espera la pálida. Tras éste fue sonando un variado repertorio, sin centrarse especialmente en ninguno de los dos discos editados hasta la fecha con Subterfuge. Salvo la queja por parte de la vocalista de unos acoples en la guitarra, imperceptibles desde el público, no hubieron mayores problemas técnicos. La voz desgarrada de Miren sonó brillante y afinada en cada una de las canciones. El folk rock sureño, teñido de matices surferos en algunas ocasiones que caracterizan a Tulsa, con letras intimistas en la línea de otros cantautores como Nacho Vegas o Christina Rosenvinge fue saliendo a relucir. Casi sin pausa entre canción y canción fueron interpretando sus canciones más aclamadas como “Carretera”, “Matxitxaco” o “Algo ha cambiado para siempre”. Como es habitual en la cantante de Tulsa, no hizo por interactuar demasiado con el público, limitándose a cumplir con los deberes exigidos, pero con envidiable acierto

La guitarra acústica de Miren supo acoplarse al cálido timbre de las guitarras eléctricas de Alfredo y Miguel, dotando de personalidad al sonido a través de los pedales de reverb y mucho slide. Si algo destaca de Tulsa es el especial cuidado por los arreglos instrumentales de sus canciones.

En “A mis brazos” la voz de Miren acompañada únicamente por su guitarra acústica trataron sin demasiado éxito de hacerse un hueco en el molesto ruido de la sala. Muchos de los espectadores tuvieron que mandar callar a un sector del público que era incapaz de respetar el silencio. Y es algo que viene siendo habitual en este país: lo imposible que puede llegar a resultar un concierto acústico debido al amasijo de ruido que se habitúa en salas de pequeño y mediano aforo.

Tras su canción más conocida (“Seguramente me lo merezco”) el grupo abandonó el escenario para dar paso a lo que serían sus dos últimas canciones de la noche, ya en el bis: una bonita versión de «Thirteen» de Big Star a dúo entre Miguel y Meize, y “Estúpida”. Los últimos acordes ya habían sonado y el concierto se daba por finalizado.

Tulsa volvió a demostrar nuevamente que aunque a día de hoy no den demasiado que hablar sigue siendo un grupo que asegura siempre un directo sólido, efectivo, con momentos de lucidez, componiendo un concierto que como mínimo (tal fue el caso de la noche del martes) acaba siendo correcto.

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