Grupo: MGMT
Sello: Columbia
Año: 2018

Hace algunos días, llegó a las tiendas de discos (ya, claro) la cuarta referencia de MGMT, Little Dark Age. Se trata, sin duda, de uno de los estrenos más destacables de la primera parte de 2018, y de un trabajo que tiene un significado muy concreto dentro de la trayectoria del dúo constituido por Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser.

Todo parte de la premisa de que MGMT ha recorrido un camino diametralmente opuesto al del resto de bandas que gozan o han gozado de cierto éxito. La travesía suele comenzar con la publicación de un disco (habitualmente homónimo) que contiene toda la esencia de la banda en cuestión, y que, a poder ser, aporta un sonido distintivo y original. El álbum tiene éxito y un sello discográfico importante se encarga de intentar explotar el producto. Aproximadamente cada dos o tres años, la banda publica nuevos álbumes, y su aroma único se va diluyendo hasta convertirse en un producto genérico. Es entonces cuando el público y la crítica acusa a la banda de «haberse hecho comercial», y de formar parte de la cultura mainstream.

Pero MGMT (en un inicio conocidos como The Management), aunque sin ser un producto genérico, empezó por el final. Después de que VanWyngarden y Goldwasser se conocieran en la universidad y se hicieran un nombre en la escena underground a base de sesiones de experimentación con la electrónica, debutaron en 2007 con Oracular Spectacular, que además de ser voz de una generación contenía tres hits que dotaron al dúo de un éxito desmedido, «Time To Pretend», «Electric Feel» y «Kids». Tan desmedido fue el éxito que VanWyngarden y Goldwasser no lo quisieron para ellos. No quisieron convertirse en un producto de la industria y, haciendo honor al nombre de la banda, decidieron seguir su propio camino, si bien continuaron perteneciendo a la discográfica Columbia.

Su segundo álbum, Congratulations (2010), era más inaccesible aunque incluía bastantes buenos momentos de psicodelia pop. Sin embargo, no se ajustó a las exigencias de buena parte del público que se había enamorado de su álbum debut. Y así, llegó 2013, un año en que el dúo publicó su disco homónimo, un trabajo que para la crítica en general fue un paso atrás algo confuso. La banda entonces decidió darse un descanso y hasta finales de 2017 no volvimos a escuchar nuevas canciones.

Little Dark Age (Columbia, 2018) podría definirse como un cóctel de las dos facetas que MGMT ha demostrado poseer: un imaginario muy particular que se traduce en el aspecto psicodélico y una facilidad tremenda para confeccionar auténticos hits. Sin ir más lejos, el corte que da nombre al disco y que fue el primero en ver la luz, se enmarca en una estética algo oscura y extraña y, al mismo tiempo, induce al replay a todo aquel que lo escucha.

El otro rasgo principal del álbum es la ambientación ochentera. Pero no la nostalgia a lo Stranger Things que de tanta vigencia goza, sino el aspecto más enfermizo y kitsch. Por así decirlo, es Boogie Nights (P. T. Anderson, 1997) hecha disco. Y, en un alarde de sátira marca de la casa, MGMT recurre de nuevo a la crítica a los vicios sociales: al amor posmoderno en «She Works Out Too Much», a los móviles en «TSLAMP» («Time Spent Looking At My Phone») y a todo lo que se menea en «When You Die», que es una de las canciones imperdibles del disco. Little Dark Age peca de una caída de ritmo en la segunda mitad del álbum, pero quizá se salva por el repunte en «Hand It Over», el más coherente con el sonido de la banda y, por otro lado, el que tiene un mensaje más elaborado.

Queda por ver si Little Dark Age logra convencer al público de una manera similar a como lo hicieron aquellos singles que fueron resorte de un cambio en la música a finales de la primera década del nuevo siglo. Lo cierto es que a VanWyngarden y Goldwasser probablemente les importe poco.

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