Entrevistamos a: BORJA GONZÁLEZ-AYLLÓN / Músico detrás de BOB LAZY
Redactor: Emma Sanchis
Género: Pop
País: España

Borja González actúa este jueves 19 jueves en LOCO CLUB, concierto presentación de su segundo disco “La Vitti Bar”. Dos años después de su segundo álbum como BOB LAZY, “ROCK | LOVE | TRUTH”, trae “LA VITTI BAR”, recibe el nombre del local que tanto le ha dado y al que incluso le dedica una canción. Vuelve a producirlo de la mano de Paco Loco, con el que se reúne como “un viejo amigo”. El resultado sigue su estilo que nos reencuentra con los 70’ en pleno 2019, incluso a los que no los vivimos.

¿Dónde empieza y dónde acaba borja gonzález-ayllón y dónde empieza lazy? ¿Es un alter ego en el que te refugias?

No me gusta reconocerme en un alter ego, “Bob Lazy”. Lo que pasa es que casi siempre aparezco yo en las fotos y la gente lo relaciona. Bob Lazy es un concepto musical que quiere recordar a tendencias o estéticas de los años 80, 70, 60, una época musical o un lugar, como Londres o California. Salvando las distancias, es como escuchar un nombre como David Bowie, puede funcionar como nombre artístico. Sinceramente, “Borja González-Ayllón López” no lo veo para un cantante de rock, es más para un despacho de abogados.

¿Cuáles son tus primeras sensaciones ante “La Vitti Bar”?

En realidad, este álbum me gusta menos que el primero, pese a tener muy buenos temas no lo siento tan cohesionado como el anterior, “Rock | Love | Truth”, “La Vitti” es una colección de canciones más diversas que funcionan individualmente. Aunque aún estoy asimilándolo, la gente me está dando buenas sensaciones y las críticas que hacen de él me las reconozco.

¿Vas a sacar algún videoclip más?

Voy a sacar tres vídeos más, dos de ellos: La Vitti Bar y Le Cyborg, los acabo de grabar en directo en estudio. Y un tercer videoclip para Dance of the kids.

¿Vas a enfocar Dance of The Kids a un estilo cinematográfico como 18th Century Lovers?

Trataré de que mantenga una estética cinematográfica, pero para esta canción la propuesta será más naturalista y prosaica. 

¿En qué año situarías este álbum 2019 o 1970?

2019, quiero tener los pies en la tierra. Aunque hay voces que dicen que si lo hubiera sacado en 1970 vendería más.

Como dijiste en una entrevista para la revista Atonal, ¿“Llenar el Wembley 5 días seguidos” aún está en tu objetivo? Cuáles son los pasos hacia este.

Voy a hacer una presentación en Valencia y otra en Madrid. De momento el proyecto no tiene una agencia de booking, lo hago yo todo. No obstante, estoy pensando en hacer una gira por Inglaterra en verano y probar a ver.

La respuesta a la Revista Tonal es un poco en broma -se ríe- y un poco enserio también, ¿dónde quiero llevar mi proyecto? Me encantaría que fuera una música que transcendiera y que guste mucho. Por supuesto, querer lograr sold out 5 noches seguidas es un poco en broma, pero es la mentalidad también, ¿no?

Lamentablemente, actúas pocas veces en directo, ¿cómo te sientes antes de salir al escenario? 

Sufro bastantes nervios, la verdad. Es una adrenalina que me viene muy bien, se combina con las ganas de salir a cantar, pero si he descansado poco, si he dormido mal, puedo llegar a tener incluso un poco de ansiedad. Antes de salir al escenario intento sacar mucho la voz y gritar. Gritar, bailar, saltar. Es una adrenalina que me gusta.

¿Y qué esperas de la presentación del jueves?

Espero pasármelo bien y ofrecer un gran show en directo, subirme a un escenario para mí es el mejor plan del mundo. Me encanta. Y me encanta hacer disfrutar a la gente.

La canción más esperada en directo es Le Cyborg, ¿qué pensabas al producirla?

Originalmente iba a ser mucho más rápida, como esas canciones de baile de final de curso de instituto, hasta que la ralentizamos y me dio un mood muy chulo. Se creó una sensación onírica. Al meter efectos, me transportó a un mundo de ciencia ficción, muy decadente. Es decir, se consiguió esa atmósfera probando, de casualidad. Es un caso de atmósfera no buscada, viene, aparece y funciona. En este caso funcionó probar un tema up-tempo en lento.

Parece que la producción fluye entre Paco Loco y tú, ¿te reúnes con él como un viejo amigo o como un desconocido esta vez?

Cada vez que voy me reúno con él como un viejo amigo, porque conectamos muy bien. La primera vez no sabía dónde iba. La segunda vez ya lo sabia, aunque tuvo sus más y sus menos esa confianza. La tercera vez será en mayo, tengo muchas ganas de ir, fíjate si es tan como viejo amigo que voy a ir solo, para hacer el disco mano a mano. Me apetece trabajar con él, sin distracciones, para probar la experiencia.

Entonces, ¿tienes claro qué vas a hacer en tu próximo álbum?

No, nunca lo tengo claro, llevo las demos grabadas en el móvil de guitarra y voz, y allí surgen en sesiones de 12 horas. Surgen cada día dos o tres temas y se van construyendo. 

¿Cómo es ese proceso?

Yo tengo una idea preconcebida en la cabeza de una estructura, unas melodías, unas letras. Consultándolas nos sugieren algo, surge una referencia y vamos variando, probando. A veces te casas con el primer sonido que aparece, con el primer ‘ampli’ y el primer teclado. A partir de ahí vamos construyendo sobre la marcha por capas, sin pensar mucho, nos quedamos con la inmediatez. 

Distanciándonos un poco de tu lado artístico, ¿qué otros proyectos llevas en paralelo?

Dentro de la parte musical me dedico a la promoción de conciertos también, no solo a actuar sino a organizar conciertos, en el ámbito del Jazz sobre todo. La hostelería y el show businesss me gustan mucho, tengo el gusanito de gestionar una sala de conciertos en Valencia. Además, como hobby personal, me interesan la arquitectura y el interiorismo, todo lo que tenga que ver con diseño.

¿Dónde dirías que tienes el oído y la vista ahora mismo?

El oído lo tengo en la música clásica. De hecho, en la selección de Spotify anual me ha salido Jordi Savall, músico que recupera música medieval, ancestral y parte del barroco. La vista la tengo en arquitectura neoyorquina, voy a viajar allí en nada y me he comprado el libro Delirio en Nueva York de Rem Koolhaas (1978). Estoy obsesionado con la arquitectura de la ciudad y deseando volver a ella, que tanto me inspira.

“Ahora el melómano tiene que pararse a respirar hondo, o puedes morir de melomanía”

¿Plasmarías esa música en el proyecto? 

Me gusta que entren elementos cuando surgen en la producción, de música clásica, por ejemplo. Pero no es la música que me apetece hacer, ni la que compongo. Soy un total desconocedor, no tengo la técnica, ni estoy en el ámbito de esa música. Si es algún destello relacionado con la música barroca, dentro de una estética rock 60’, rock fusión, un detalle sí me gustaría. 

¿Y Nueva York en el plano audiovisual?

Sí que me apetece un royo bastante urbano, no sé si tanto de interiorismo o a nivel ciudad. Una producción en la que la arquitectura esté muy presente. A lo mejor grabo algo ahora cuando vaya a New York City.

¿Cómo ves la música hoy día? ¿Está en un punto de inflexión, una vuelta al pasado?

La música está en el mejor momento de la historia, sigue habiendo creación, la creación es infinita y contamos con canales para escuchar la anterior también. Lo que no tenemos ahora es tiempo para abarcarlo todo. Youtube, Spotify y otras plataformas son el oráculo, puedes estar muy al día de lo de antes, lo de ahora. 

Ahora bien, en el turbo capitalismo se esta dirigiendo mucho a qué consumir. Está supeditado a las estrategias de comunicación y marketing online de cada compañía y artista. El consumo de masas de ahora, de usar y tirar, sí que es más criticable. Lo que se está intentando hacer llegar al gran público no es, tal vez, lo más trabajado o con más sensibilidad, ni guarda una mayor cohesión o armonía. 

Hubo una época en la que se buscaba más la excelencia audiovisual, cinematográfica o pictórica. Sigue estando, en cambio, no llega a todo el público, un caso claro es el de la moda trash, el feísmo, lo respeto, sin embargo, me preocupa un poco.

¿Dirías que hay sobreproducción musical?

A nivel musical, el homestudio -cada uno con YouTube, Spotify, las cámaras y las grabadoras de móvil- ha conseguido que todo el mundo pueda tener acceso a difundir sus creaciones, y a producirlas como ellos quieran. Es maravilloso. Ser capaces de crear y difundir, me parece uno de lo mayores alcances de la humanidad a nivel artístico y creativo.  Al final, producir es que te suene bien y te guste.

La sobreproducción no me importa, sino cómo se canaliza, cómo se educa al espectador, cómo se sensibiliza, la criba. Puede sonar incongruente o contradictorio lo que digo, porque me encantan todas estas posibilidades de producción, pero a la vez este turbo consumo hace que no se le preste atención. Tanto en cine, televisión, publicidad, etc. 

¿Qué solución propondrías a esa mala canalización?

Dime cómo será la sociedad dentro de 20 años y te digo cómo van a ser las estrategias publicitarias en un minuto. Es imposible.

¿Cómo crees que se mueve el melómano en esa sociedad?

La melomanía como yo la entiendo está muy relacionada con un “Back to the roots” (vuelta a los orígines). Quiere volver a la fisicidad, al vinilo y al ritual de reproducirlo en un plato. Precisamente, lucha contra esta velocidad de consumo, colecciona, compra y comparte su música. Ahora el melómano como yo, por ejemplo, tiene que pararse a respirar hondo. Cada 24 horas hay un grupo nuevo interesante, un proyecto nuevo, un videoclip nuevo, una propuesta nueva. Te puede generar un poco de estrés también, te emborrachas, te puedes morir de melomanía.

Un poco como despedida de esta entrevista, miremos al futuro: ¿te gustaría encontrarte algún vinilo tuyo dentro de 30 años?

 No, no quiero saber nada de mí más allá del mañana. Me da terror, no quiero saber nada de mi vejez. Quiero encontrármelos ahora, cuando vaya a Nueva York descubrir en la tienda Virgin un especial de navidad, un display entero de dos metros con todos mis vinilos. 

Emma Sanchis 

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