Parece ValenciaQuique Medina 1 enero, 2015 Me preguntan que si el 21% en el que se ha encalado el IVA cultural nos afecta a los promotores. Joder, claro. Afecta y oprime tanto que entran ganas de mandarlo todo a la mierda y volver a aquella oficina de horarios cuadriculados, sillas encadenadas y jefes de escarcha. Que también podíamos haber montado la enésima tienda de cigarros electrónicos y dejar esto. Pero entonces ocurre algo en la caprichosa y puta ciudad. Dos acontecimientos en menos de una semana disipan la mugre acumulada en la luna delantera y animan a seguir. Hay luz al final de la A-7, parece Valencia. Primero: el Deleste 2013. Festival del que soy uno de los promotores y del que sería impúdico decir lo maravilloso que ha sido. Pero qué demonios: ha sido la polla. Y no hablo de réditos económicos (ahora mismo todavía acumulo deudas) que son objetivo secundario. Desde dentro, me refiero a lo enriquecedor que ha resultado trabajar junto a profesionales (que los hay, y muchos, por aquí) del sector; seres preciosos: compañeros serios en el tajo, cariñosos al brindar y movidos por una pasión que casualmente es la mía. También, flipar ante la colaboración sentimental recibida por parte de medios, amigos, patrocinadores e instituciones que ha superado, con creces, lo imaginado. Mucha gente tirando de un mismo carro deseosa porque germine algo de lo que nos podamos sentir orgullosos. Desde fuera, opinen los que (afortunados) estuvieron. Me quedo con las palabras que el colega, y sin embargo amigo, Carlos Pérez de Ziriza le dedicó a la primera jornada del envite. Habrá #Deleste14. Ya se trabaja en ello. Segundo, siete días después: el #Festunizer. O lo que es lo mismo: la fiesta presentación del nuevo disco, Gran Veta (BCore Disc 2013), que se marcaron los Betunizer. Aquello fue, como el álbum, toda una demostración de la fuerza y la atracción del rock valenciano. De repente, no estábamos en Barcelona ni en Madrid, eran ellos los que se habían desplazado. El Magazine fue centro de la espiral y hasta allí se vieron halados grupos y gentes de todo el estado orates por gozar. No por cantidad de asistentes (unos 200), sino por calidad de los mismos. Valencia capital del rock. La Residencia, ese palacio del underground que merece columna aparte, La Moncloa. ¿La crónica de aquello? Express, bañada en granos de paella y litros de cerveza, sería algo así: Alberto Montero: delicioso, mágico, enigmático. Negro: Soberbio, inimitable, talentoso. Negro & Alberto Montero: inolvidable. Nueva Vulcano (en la foto): dioses, verdes, pasión, nuevas canciones, más melodía, más madera…¡vuelven! Betunizer: máquinas, baile, pogos, perfección, romanticismo, rock mayúsculo, crowd surfing, jamón y vino. Za!: mal sonido, qué más da, demoledores, wananai, orgiásticos. Lo pasamos pipa. Sonrisa y resaca de maldito Sunday morning (querido Lou que estás en los cielos). Que no digo que el mundo, la ciudad, se haya vuelto de color de rosa. Pero sí, seguimos. PD: Unas imágenes valen más que las palabras arriba vomitadas: Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ