Dijo una vez la escritora Jane Austen “sin música, la vida sería un blanco para mí”. Es curioso, pero desde hace meses, València, la popularmente conocida como ciudad de las flores, resulta un gran blanco difícil de obviar. Esta antítesis es el resultado de la falta de actividad de las salas de conciertos, locales que se están viendo asfixiados por la falta de atención de las autoridades políticas autonómicas.

Nos remitimos al artículo que publicamos hace unas semanas para ilustrar esta situación que no acaba de convencer a nadie: ni a los de arriba, ni al público, y mucho menos a los propios profesionales. Las salas y locales de ocio nocturno empezaron a ver la luz al final del túnel cuando les permitieron abrir sus persianas e intentaron retomar su actividad, y se les cayó el mundo encima cuando meses después, la DOGV irrumpió un 17 de agosto para anunciar la suspensión de la actividad de discotecas, salas de baile, karaokes y bares de copas. El salvoconducto llegó el 7 de septiembre, cuando desde Salud Pública se da luz verde a las salas de conciertos, siempre y cuando no ofrezcan servicio de bar, algo cuanto menos irónico, pues la mayoría de sus ingresos provenía de la barra.

Las salas están cayendo y prueba de ello ha sido el reciente cierre de La 3, lugar emblemático de València que, tras una década de actividad ininterrumpida, ha desistido al no poder abordar tantos gastos sin conseguir ningún tipo de beneficios.

Ante esta situación, las salas valencianas se han unido para ofrecer tres posibles soluciones: que Consellería redacte correctamente la DOGV para que no perjudique a estos locales, que el propio Ayuntamiento de València finalmente cree una licencia de salas de conciertos, o que el Instituto Valenciano de Cultura pueda tomar iniciativa e incluir las salas donde les corresponde.

“El trabajo online para mí no tiene ni pies ni cabeza, nos gusta la música en directo y su potencia»

Johnny B. Zero 

El pasado miércoles 18 tuvo lugar a las 20h en www.elultimoconcierto.com, un concierto al que más de 125 salas dieron visibilidad y en el que los artistas permanecieron en silencio sobre el escenario para representar el futuro que les espera a muchas salas de España si la Administración no toma cartas en el asunto. Mediante esta iniciativa, la Plataforma de Salas de Conciertos reclamaba la necesidad de ayudas para poder sacar a flote el sector.

En un mundillo tan complicado como este, la falta de pilares desestabiliza la estructura, y sin unos cimientos sólidos las bandas de música también se tambalean al perder esos espacios; lugares encargados de crear programación musical de forma ininterrumpida durante todo el año y que ayudan a difundir todos sus proyectos.

Desde el grupo country Badlands, su vocalista, May Ibáñez, confiesa sentirse muy afectada por el deterioro del sector, y se reconoce incapaz de imaginar la efervescencia de nuevos proyectos musicales sin estos locales que ella misma define como “nuestro hogar y el de nuestro público”.

Esta pena también la comparten otros los grupos de la Comunitat Valenciana. Un ejemplo es la mítica banda rock Johnny B Zero, grupo que se define a sí mismo como “de la cultura de salas”, y que antes del confinamiento pasaba los días rodando por toda la geografía española tocando de local en local. “Es una escena que nos interesa mucho por el contacto con el público y la cercanía” aseguran, y ante la oferta de servirse de las nuevas tecnologías para retransmitir sus conciertos en directo, su respuesta es un no rotundo: “no me lo imagino ni me lo quiero imaginar” admite su líder Juanma Pastor, y sigue “el trabajo online para mí no tiene ni pies ni cabeza, nos gusta la música en directo y su potencia, con ella conectan directamente el público y el músico que la interpreta”.

Los proyectos inacabados, pendientes o desaparecidos es un tema que no deja dormir a los músicos. El grupo pop valenciano Calivvla debería haber empezado a grabar en abril su segundo EP. “Habíamos pagado ya la mitad, y el restante lo íbamos a sacar de los ingresos que se obtendrían de los conciertos de verano”, nos cuenta Mario Ballester, guitarrista y voz, “ahora no sabemos cuándo vamos a poder asumir el gasto”. En una situación parecida se encuentra Badlands, que tras el estreno de su último disco, “Tornado”, vieron como todas sus fechas pactadas se iban cancelando una a una. “Cuando tú te grabas el disco y lo autoeditas, acarreas unas deudas. Nosotros las hemos tenido que ir saldando, y ahora la situación es tan incierta que no sabemos qué hacer”. Pese a ello, dicen sentirse afortunados, pues saben que muchas otras bandas están en situaciones peores que la suya.

Otros como Jorge Pérez, cantante de Tórtel, relatan que a nivel discográfico esto no les ha frenado, y siguen sacando canciones como en el mundo pre-pandemia. “Como no tenemos el disco todavía acabado, nos lo estamos tomando con calma y disfrutando del camino, sacamos canciones por separado y nos damos tiempo para ir puliendo las cosas”.

“Cuando tú te grabas el disco y lo autoeditas, acarreas unas deudas. Ahora la situación es tan incierta que no sabemos qué hacer”

Badlands

El daño hecho a las salas y su consiguiente repercusión en los grupos de València, es, en suma, un daño hecho a la cultura de todo un territorio. Jorge Pérez opina que la crisis del COVID-19 ha sacado a relucir la precariedad del sector musical, y llama a la unión de sus múltiples integrantes porque “nadie lo va a hacer por nosotros”. Desde Calivvla toman estas palabras y van más allá, “tal vez, esto sea una oportunidad para replantear el mundo de la música en directo”.

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