Grupo: Contempopranea 2008 (Volumen II)
Sala: Alburquerque (Badajoz)

Piscina Municipal de Alburquerque. Un minuto cualquiera de entre las 3 y las cuatro de la tarde. El sol manda en lo alto de un cielo azul moteado a nubes como en la cabecera de Los Simpson y nos muestra, preciosamente reconocible, la marrón y verde estepa extremeña. Las nuevas instalaciones de ocio acuático (previo pago de 3 euros) se encuentran animadas por poperos buceadores que aligeran su resaca con frescos efluvios y cloro. En el repetitivo hilo musical que decora sonoramente el área de baño suena una canción de La Habitación Roja que nos recuerda que este año no estarán. Un grupo de bañistas de secano, rojo cangrejo, comenta las atroces actuaciones de Deneuve, Lori Meyers, Teenage Fanclub y Niños Mutantes del día anterior. Justo a su derecha otro contingente de festivaleros, que ha optado por montar el picnic de toallas a la sombra de un árbol, disecciona el fanzine “Planeta Amarillo” para no perderse, en la jornada del sábado, sus actuaciones predilectas.

SáBADO 26 de JULIO

A las 7 de la tarde estaba anunciada la actuación de Índigo y nosotros por seguidores, valencianos y periodistas comprometidos enfilamos la cuesta final que tiene la meta en la entrada del festival. Habíamos visto, minutos antes, ganar a Carlos Sastre la etapa definitiva del Tour de Francia, y eso, y un “Borno” (bebida consistente en granizado de limón con ceverza), nos dieron ejemplo y aplomo de sobra para superar nuestra particular cronoescalada y llegar con tiempo preciso al envite.

Por allí, el siempre presente público valenciano del Contempop, aguardaba en la parte de sombra de la puerta para apoyar a una de las bandas de su tierra en la confía y con la que disfruta. Los amigos del Manises Cerámic Festival (no se pierden una) y Javi “Gafotas” (Club de Los Amigos del Crimen), presentes; son viciosos los tíos. De los madrugadores insignes, y también enganchados a la droga sónica, cabe destacar a Julio Ruiz que, y pese a haber pinchado esa misma mañana, allí se hallaba, exultante, no con la elástica del Atleti (ya sudada) sino con su nueva camiseta diseñada por Cajón de Sastre (www.myspace.com/sanasysalvas).

Los nervios con los que comenzó Vanessa Prado -frontwoman de Índigo– la actuación se disiparon a medida que el público aumentaba; pero fueron la fuerza, seguridad y armonía de las guitarras de Iván Vega y Ramón Manzaneda las que arrastraron a la cantante a lucir voz en sugestivos y elaborados temas como “La tranquilidad es un lujo” de su completo Se acabo la Rabia. Índigo demostró ser una banda de pop con formas de rock-band que puede llegar a sobrecoger cuando ataca en equipo. Potente e interesante evolución que convirtió su tempranera actuación en un escueto (poco tiempo) y emocionante disparo sonoro. Hubo versión de Golpes Bajos, de los pocos que cumplieron: “Hansel y Gretel”.

Uno de los grupos a los que más ganas de ver tenían los propios grupos –y de ello nos cercioramos- era Cajón de Sastre; un dato que dice mucho de la expectación levantada por estos artistas de Montijo (Badajoz). Lo anterior, el hecho de jugar en casa, más la consecuente tregua del amigo “Lorenzo”, hizo que una nutrida parroquia de festivaleros cambiara ya la umbría de la plaza del pueblo, por el sol de a pie de escenario. Aunque salieron vestidos de luto, la luz pronto apareció en escena de la mano, la voz y la interpretación de Carol Piñero. Un maniquí de costurero –no lo toquen por favor- se convirtió en el cuarto miembro de un grupo que cuida el diseño y la puesta en escena sobre el escenario, pero no más que las finas texturas de su música. Las deliciosas canciones que componen las dos demos del grupo extremeño (“Le Club”, “Hellsse”, “La chaqueta arrugada”, “Silabas”…) fueron resbalando por la ladera de la montaña hasta crear una atmosfera hipnótica y relajante nunca antes vista por el que escribe en un festival de esta índole. Spiritualized, Humanoid, Mercromina y, por supuesto, un Fernando Alfaro al que cada vez se parece más, hasta físicamente, Miguel Ángel Gragera (guitarrista y cantante) fueron los hilos con los que remendó sus canciones Cajón de Sastre. El color arribó con la presencia y la vestimenta de José Antonio Moreno en el escenario. Compañero de los medios (gracias por prestarme el nombre de tu porgrama en el Canal Extremadura Radio para esta crónica), amigo de la banda y líder de los extintos Nude, el extremeño se metió en la piel de Juan Rivas, Morrissey y, por supuesto, Coppini, para regalar una estupenda versión de “Santos de devocionario” y una nueva cara a éstos elegantes sastres del sonido.

Y uno esperaba que la electrónica fuera la tónica de los que a continuación venían; si acaso esperaba bailar un poco más. Y electrónica hubo, claro, en el concierto de Montevideo, pero las guitarras también dijeron aquí estoy yo. Manu Villalba y Damiana Dubatti, no contentos con haber hecho fijo en nómina a Arturo Ucha como guitarrista, aparecieron con un cuarto miembro guitarrero que otorgó (y pese a las primeras inclemencias técnicas) un aire nuevo, diferente y melódico al grupo argentino-sevillano. Un saludable cambio que quisieron celebrar con los espectadores del Contenpopránea. Un giro del ordenador a la guitarra que Manu Villalba nos aseguró “será cada vez será más pronunciado” y que se celebró –Manu el que más- bailando algunas de las canciones de Cuando Miramos al Sur.

Era todavía el sol cuando uno de los momentos más emotivos de la noche, como el anochecer, iba a llegar. Los aperos de Facto Delafé y Las Flores Azules no eran los del rock; su simple backline se bastó con un computador, algún teclado, tres micros, polvos de talco (para resbalar sobre ellos a lo Michael Jackson), tres globos (rojo, verde y azul) y, claro, flores azules. Pero es que los instrumentos aquí son Oscar, Helena, Marc y, muy importante, el público. Difícil es narrar la sinergia que se crea entre el grupo y el espectador en un concierto de los catalanes. Momentos de silencio, momentos de alaguna lágrima, momentos de muchas sonrisas y, sobre todo, momentos de baile llenaron una actuación que se hizo como de un minuto. Confetis, Globos, Pompas de jabón, atardeceres, “Gigante”, “La luz de mañana”, La Juani” y, para acabar, todos haciendo “El Indio”… Las bases electrónicas y los versos hablados del hip-hop se entrometieron en el festival pop por antonomasia y aquella violación a nadie le molestó; todo lo contrario fue placentera, consentida. De algún modo se alcanzó el clímax, no hay duda. Ellos mismos –en charla tras el concierto- se sentían asombrados por las carpas y carpas de festivales indies que están llenando y haciendo felices este verano.

Camera Obscura cerraban la triple entente escocesa del festival. Sus compatriotas habían dejado el listón elevado el viernes y borrado, a base de caras felices, la fama de fríos que ostentan los británicos. No quisieron ser menos y con la sonrisa, la perfección sonora y el kilt (o falda escocesa) puesto se entregaron en dos tipos de concierto bien diferenciados. Una primera parte más tranquila, donde el folk y el vals de medios tiempos se adueñaron del pop; y una segunda donde, siempre con ese folk pop que les caracteriza, los tiempos se completaron y aceleraron para poner de acuerdo y en danza a la amalgama generacional que se formaba bajo sus pies. “Lloyd, I'm Ready to be Heartbroken” fue la gota que colmó el lago que formaba el público que ya se abarrotaba y buscaba el sitio idóneo para encontrar a los monstruos mediáticos, Xoel López y, sobre todo, Guille Milkiway (que por cierto no estaba en la cabina de Canal Extremadura Radio y, en consecuencia, no es el que escribe…Tampoco bailó hasta el amanecer con RafaSkam Dj).

Lo de Xoel López (Deluxe) no tiene nombre. ¿Pues no era este tío un amante del pop “beatleniano”? ¿De los Kinks? ¿De los Beach Boys? Y lo sigue siendo, claro; pero ahora, el avaro, también se quiere parecer a Van Morrisson o Bruce Springsteen y viajar por los derroteros de rock&roll y el soul. Para eso se ha montado una E Street Band a la gallega que es algo así como el sabor del buen pulpo, pero con muchos más watios de potencia…eso sí, con los mismos tentáculos. Saxo, trompeta, armónica y precioso órgano Hammond se sumaron a los instrumentos habituales para desgranar el directo más variado de esta XIII edición. Por supuesto que tocó “Que no” –en tercer lugar-, pero sus últimos trabajos (Fin de Un Viaje Infinito y Reconstrucción) acapararon el absoluto protagonismo de una actuación que imaginen si fue placentera que a mí, que apenas había escuchado estos dos álbumes, se me pasó como un suspiro.

Y como el Contempopránea es un festival de situaciones mágicas, una de ellas fue la de poder ver, durante todo la actuación de la banda de Galicia, a Miguel Rivera (Maga) tocando el bajo y haciendo los coros de unas canciones, las de Deluxe, que conocía al dedillo. Y eso que en breves era su turno junto al gran Coppini…

Pero antes era Milkyway y sus androides audiovisuales. Para recordárnoslo allí estaban, armados con todo tipo de horteradas (peluches, corazones, chupachups) y agazapados como locos en las primeras filas, las hordas de seguidores de La Casa Azul. Un computador con todo programado (que ni siquiera maneja él), varios teclados, un par de micros (uno como el micromagic…el de Banday) y una guitarra con poco o nada de presencia, utiliza Milkyway para un directo que en realidad tiene poco, o nada, de pop-rock, y mucho de discoteca ferial. Conscientes del trabajo previo de producción y composición que un concierto de La Casa Azul conlleva y vistos sus numerosos seguidores, no criticamos sus artes -buenas composiciones sonoras y líricas le avalan- sino todo lo contrario (que remedio): nos hartamos a bailar como unos más y a disfrutar, eso sí, de la revolución (por desgracia no sexual) que desata entre sus fieles el enigmático catalán.

(El espacio referente a German Coppini & Maga se lo reservo, por petición personal a Nando )
Habiendo formado quizás una de las uniones musicales más interesantes de los últimos tiempos, egoístamente hablando se nos presentaba una gran dicotomía. Por una parte tenemos a Germán Coppini, sin duda mitad junto con Teo Cardalda del grupo más influyente de los 80, Golpes Bajos. Por otra parte, y ahí surge la vena egoísta, tenemos a uno de los grupos favoritos de la Redacción Atómica y que además por desgracia llevábamos demasiado tiempo sin ver en directo, Maga (aunque en este caso a la batería estuviera Pablo Cabra, habitual acompañante de Sr Chinarro).

Sonaron clásicos, con la vuelta de tuerca de los sevillanos, como «Escenas Olvidadas», «Fiesta de los Maniquíes» y por supuesto «Malos tiempos para la lírica» y «No mires a los ojos de la gente»…pero la realidad fue que se han tornado tan “mágicos” que sonaban mucho mejor vocalmente cuando Miguel Rivera entraba en acción. Hubo además sorpresa con «Hoy voy a asesinarte» de Siniestro Total(no olvidemos que Coppini fue miembro fundador).

Entre todo esto, Germán se retiró unos minutos “a tomarse un copazo” y pudimos ser obsequiados con lo que una vez más egoístamente deseábamos. «Un lugar encendido», «Agosto esquimal» y «Medusa» pusieron la explanada patas arriba y también el corazón de un servidor…que tuvo la suerte de estar a tan solo dos pasos de todo aquello.

Lo de Tachenko fue, inexorablemente, un homenaje, más que a Golpes Bajos, al recientemente fallecido Sergio Algora. Sergio Vinadé, tantas veces escudero del poeta y cantante maño, lo hizo explícito dedicando una de las canciones más famosas del grupo (“Entrada de artistas”, creo) al ex Niño Gusano y ex Costa Brava, tan presente siempre en el festival extremeño. Que Tachenko son una formación más que consolidada quedó claro con la escucha y la aparición de su último trabajo Esta vida pide otra; pero faltaba verlos en directo con los nuevos temas; unas nuevas composiciones que convencieron (“Hacia el huracan” o “El mundo se acaba”), pero que no anunciaron cambios importantes de estilo en el pop fresco, sencillo y jovial que desarrolla la banda zaragozana. ¿Y para qué cambios? Si fuera por como coreaba el público sus temas (“El tiempo en los Urales”, “Amable”, “Afganistan” o “Con las jovenes”) se diría que ya son letras imperecederas del pop español del 2000…De esas que seguro tendrán su homenaje en el Contempopránea número 30…Tal vez Guille Milkyway, por ese entonces, ya llegue en su propio platillo volante…

La tostada de tocar a las mil le había tocado a Lagartija Nick. Y no es que los granadinos no sean, lo son, más animales nocturnos que diurnos, lo que pasa es que entre los bolos que están haciendo de Omega (con Enrique Morente) y los propios, pues como que van de culo. Que mejor ejemplo del agotamiento del que os hablo que encontrarse al incombustible Eric Jiménez (batería, también de Los Planetas), en la zona VIP, con las piernas en alto y bebiendo Red Bull comentándome que estaba baldado y que el resto del grupo dormía, tambi’en derrotado, en Cáceres. Ah Amigos! pero eso era un par de horas antes de la actuación…Cuando a las 5:30 de la madrugada salían, capitaneados por un Antonio Arias con gafas de sol (de luna), allí no había atisbo de cansancio.

Los problemas que tuvo Eric para hacerse con la batería (primero no sonaba y luego no estaba colocada a su medida) no fueron en ningún momento freno para que el ciclón Lagartija Nick se llevara por delante a un público que, aunque seriamente mermado por las horarias y la marcha de los más comerciales del indie (incongruencia), se contaba por alrededor de un millar. Empezó con temas míticos de la banda (“Hipnosis”), dejando por medio del bolo las apabullantes y modernistas imágenes sónicas que componen El Shock de Leia (“Carmen Celeste”, “Anoche”, “20 versiones”) , para concluir con inolvidables trallazos como “Lo imprevisto” . “Nunca habíamos tocado tan sobrios a estas horas” se despidió Arias…Pues una doble satisfacción para el domingo en la familia de Lagartija Nick: La sensación de haber dado un buen concierto y sin resaca…Tal vez se fueron de paella…

Pero nosotros sí tendríamos resaca dominguera. Y la culpa la tuvo RafaSkam Dj que conjugando temas de electropop, electrosplash, tontipop y derivados, con hypes del indie nacional (Planetas, Australian Blonde, Family…) consiguió alargar el festival hasta bien salido, de nuevo, nuestro colega “El Lorenzo”. La invasión del escenario por parte por el ebrio público fue la excusa perfecta para que la empresa encargada de montar el sonido diera por acabado un Contempopránea’08 que volverá a esconderse en esa parte del cerebro donde van las vivencias tan especiales que con el tiempo se confunden con los sueños…

Lo que por desgracia no fue una pesadilla era que, y cuando bajamos hambrientos y con ganas de hablar un poco más, el Tegamar seguía cerrado…

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