Hay viajes y viajes. Están esos desplazamientos de familia, esos de antaño con los primos enlatados en un coche, interminable hasta el destino en la playa. Está el viaje de fin de curso, primera oportunidad de desmadrar fuera de casa con todos los colegas y ver si se pilla algo con las “estrechas” de clase. Está el viaje de novios, del Imserso…Y también el viaje con Polock…tras lo vivido quizás la mezcla perfecta de todos los anteriores.

Granada y Málaga eran las ciudades elegidas para el fin de semana andaluz, aunque lamentablemente la cita granadina no terminó de cuajar y acortó en un día la expedición. Directos a la Costa del Sol y volver a la mañana siguiente…así, tal cual, a saco.
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Salida una hora más tarde de lo previsto, a eso de las 09.30, con un viento infernal y perverso y parada a los diez kilómetros (ya??) a desayunar/almorzar. Los más cautos toman un café, pero Papu, Sebas y yo mismo nos metemos entre pecho y espalda un bocadillo de buen producto nacional. Comentamos la actuación de días atrás en Madrid, entre risas sacando defectos y contando anécdotas de la misma.

Es sin duda confirmación de la alegría que desprenden sus directos, a pesar de las diferencias de edad (e incluso generacionales) entre algunos de sus miembros existe complicidad y armonía, dignas de los principios, y desde luego más aún a juzgar por los arrolladores comienzos del quinteto valenciano.

En esta ocasión el quinto miembro soy yo mismo ya que Alberto no puede viajar por culpa de un examen sabatino, así que las partes han sido pregrabadas para no perder importantes matices de algunos de los temas.

Tras un par de horas más en las que se habla de Cortázar y Baudelaire, pero también de senos y “trolls” con Midlake, King Crimson o Mistery Jets de fondo, nuestra segunda parada.

Cambio de papeles, esta vez Marc y Pablo fueron los del festín gastronómico mientras los otros degustábamos nuestra primera caña…a un Euro! Maravillosos los precios de la región de Murcia, si fuera así en todas partes se llevaría mucho mejor esto de la crisis, al menos en un estado más etílico.

Una repetición del mostoso ¡Mira quién baila! roza lo marciano para Sebas, que permanece en pie junto a la tele desternillándose mientras Terelu intenta desplazarse grácilmente por el escenario, literalmente embutida en una especie de horror en forma de lentejuelas. El resto de los clientes del bar le observan a él, probablemente pensando que los extraterrestres debíamos ser nosotros al escandalizarnos tanto por un programa tan asentado en la parrilla televisiva.

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A media tarde, y ya sin apenas presencia del viento, hacemos nuestra entrada en Málaga a los acordes de algo que está siendo pinchado en Radio Chanquete (nada demasiado bueno, por cierto) y tras aparcar la furgoneta comenzamos la búsqueda del hotel.

A pesar de no ser en absoluto conocido por nuestros contactos autóctonos, resulta ser una antigua casa mozárabe reformada y adaptada a casa de huéspedes, justo detrás del Teatro Cervantes.
Un patio interior ajardinado, con hamaca y free-service de infusiones incluidos, y unas habitaciones más que cuidadas, temáticas y muy bien ambientadas consiguen elevar más aún la moral de todo el grupo. No es que esperáramos un tugurio, simplemente no sabíamos lo que esperábamos y la sorpresa fue de lo más agradable.

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De nuevo motorizados hacemos nuestra salida hacia el Neo Ateneo, situado en pleno casco antiguo de la ciudad. Cerrado al público durante un largo tiempo, lleva una temporada programando sesiones de tipo electrónico y apostando por nuevos y no tan nuevos valores nacionales.

Muy buena la intención pero muy escasos los recursos por lo visto durante la prueba. Técnico de sonido inexistente, no en su forma física sino en sus aptitudes y una sonorización bastante pobre dejaban muy en el aire el resultado final de la noche.

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Tema aparte el de las butacas, desde luego otro factor decisivo a la hora de presenciar un concierto, que también restaba algunos enteros al efecto Polock. Más que enfado, resignación…si nos hemos metido todos estos kilómetros pegando bandazos por la carretera, vamos a pasárnoslo bien y lo que tenga que ser, será.

Y en efecto, así fue. Con una sala a rebosar un tanto inesperadamente, el esta vez cuarteto valenciano arranca los numerosos y cálidos aplausos ya desde los primeros compases de la actuación, que no excede de los cincuenta minutos y donde son coreados los ya clásicos Tangerines and Unicorns y Nice to Meet You, acompañados de algunos temas que compondrán su primer álbum que será grabado en Berlín este próximo verano, siendo especialmente prometedores Sometimes I Love You o One, Two, Three, Four, Five.

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Con el salón ya vacío llega lo mejor, jam session improvisada a modo de local de ensayo para los afortunados que copa en mano saltamos al escenario y nos desquitamos por un rato de ser los que siempre están debajo del escenario y no encima.

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Hasta altas horas de la mañana hay fiesta en el Village Green (un ambiente algo distinto al que yo recordaba) y, sin entrar en detalles, los más tímidos dejan de serlo y se encaraman a lugares imposibles para bailar, cantar, e incluso dormir y los más lanzados…pues eso, lanzados…hasta que la Municipal se lleva la furgoneta.

Mierda, bajón, putada. A dormir.

Al despertar, resaca y preocupación. Sumando multa y grúa casi la totalidad del beneficio del bolo se va al carajo, pero el hambre manda. Papu, Marc y servidor a buscar mesa mientras Sebas y Pablo recogen nuestro vehículo felices ya que finalmente el susto es mucho menor del esperado.

Vuelta al Neo Ateneo, carga de trastos y a las seis de la tarde de un domingo resacoso estamos a falta de otras tantas horas hasta llegar a casa.

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Eterno. Inacabable. Como el burro con la zanahoria delante, nunca parecemos llegar a Murcia, no hay filósofos ni féminas en las conversaciones, aunque sí risa floja con pequeñas tonterías. Las luces largas y aparecemos en el centro de Murcia a eso de las once pasadas buscando como auténticos yonkies de la carne barata de vacuno una dosis que nos permita aguantar hasta nuestro destino.

Y entonces aparece ella, la anciana de la parada de autobús, para regalarnos uno de los mejores momentos del fin de semana.

Conversación de besugos total en la cual Sebas, con el cristal de la furgoneta y el de la parada de por medio, se desgallita para conseguir la información de nuestro fast food soñado. Gritos, aspavientos, señales al poster del señor con la corona puesta en su misma parada, tan solo a dos metros de ella….nada.
La buena mujer simplemente sonríe y afirma una y otra vez con su cabecita, cual perrito de salpicadero con muelle por cuello. Y sonríe, sonríe, sonríe…Feliz Navidad señoraaaaaaa!!!! mientras salimos chirriando de allí.

Descojono general, dosis obtenida y problemas de nuevo para encontrar la salida hacia Valencia, pero ya todo daba igual, ha sido un gran viaje.

Cerca de las dos de la madrugada me meto en la cama, cuando los chicos deben estar acabando de descargar en el local.

A día de hoy, unas semanas después y con las excelentes noticias que nos llegan cada día de ellos, no puedo dejar de pensar que quizás sea una de las últimas veces que lo hagan.

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