Richard Buckner: abstraído de todoDavid Aguilera (Foto: David A.) 15 mayo, 2012 Primer concierto de la corta gira que llevará al músico nacido en California hasta distintos puntos de nuestra geografía, sin un éxito de afluencia desmedido. Sólo caras conocidas entre el público. Fuimos pocos los que queríamos pasar la noche del martes aturdidos por el folk-country sobrio y melancólico que desenfundó sobre las tablas Richard Buckner. Sobre el escenario, bajo una tenue luz roja que no optó por mutar de color en ningún momento, se alzó la imponente figura del songwriter norteamericano. Su tosca vestimenta, tez ruda de rasgos marcados entre dos coletas cuidadamente trenzadas, hizo recordar a aquellos personajes fílmicos tremendamente sabios nacidos en alguna reserva india norteamericana. Sobraron las presentaciones. Subir y tocar, esa fue la premisa del músico norteamericano, sin mayor exhibición de poses forzadas. Apoyado sobre una superficie cubierta por una tela negra que terminado el concierto no llegué a identificar, hizo alarde de una voz robusta e imponente que sus discos no llegan a plasmar con la intensidad del directo. Un portento vocal capaz de convertir en oro cualquier canción, a mitad de camino entre un Tom Waits desinteresado por trascender y el omnipresente referente folk, Dylan. Acompañado tan solo por su guitarra acústica y un par de pedales de efectos con los que apenas jugó más que para construir hipnóticos sonidos que articularan entre algunas de las canciones, dando continuidad a las mismas a modo de transición. De esta forma fue uniendo una canción tras otra, engullido en sí mismo, abstraído de todo, sin mayor guión que la ocurrencia de guiarse por su instinto. El músico californiano resurge sobre el escenario como un arquetipo de cantautor maldito (tanto en ventas como en imagen). Uno de los muchos seguidores de la nada despreciable línea trazada por Neil Young dentro del rock de raíces folk norteamericano. Siguiendo una continuidad casi asombrosa entre canción y canción, fue desgranando temas de su larga discografía como «Tom Merritt», «Lucky» o «Song of 27» y otros tantos de su último disco («Traitor» o «Collusion») . Un bloque de hormigón compuesto por canciones. Su propuesta, algo pesada, acabó siendo indigerible por momentos. El reducido formato elegido, sin banda de acompañamiento, parece abocado a la hora máxima de duración. No por ello impidió que los que allí nos dimos cita disfrutáramos de un concierto emocionalmente intenso y único. Hacer Comentario Cancelar RespuestaSu dirección de correo electrónico no será publicada.ComentarioNombre* Email* Sitio Web Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Δ