¿Qué es “Joker”?

Para empezar es imprescindible aclarar lo que es y lo que no es “Joker”. “Joker” no es una película de superhéroes. Si la etiqueta de cine de superhéroes ya es más difusa que la de música indie etiquetar “Joker” de cine de superhéroes es una vulgaridad sin paliativos. No porque algunos de los títulos más destacados de esta falsa etiqueta tengan algo que envidiar a “Joker”, sino porque de la misma manera que no tienen absolutamente nada que ver “Capitán América: Winter Soldier” con “Deadpool” el “Joker” de Todd Phillips huye de cualquier atisbo del cine de entretenimiento de masas.

“Joker” es una película de actores. Es un drama a la antigua usanza, pero que no escatima en ser ultraviolento cuando lo precisa. “Joker” es fantasiosa y pragmática y la vez insufla (rabiosa) actualidad a una historia heredada que se remonta hasta mediados del pasado siglo. La paranoia, las injusticias sociales cometidas entre las altas clases sociales contra los cada vez más desfavorecidos que viven al borde de la extrema pobreza y la suciedad moral y figurativa en una ciudad otrora deslumbrante solidifican los cimientos de una película pequeña que crece desde lo más elemental del séptimo arte: el propio cine.

Charles, Put a Smile On Your Face

 

La de Joaquin Phoenix probablemente sea la filmografía más impresionante de lo que llevamos de siglo. Aún así estamos ante la actuación de su vida. Joker es el motivo por el que miles de chavales en todo el mundo estudian interpretación o sueñan con aparecer en los títulos de crédito de una gran producción.

Desde la primera secuencia queda de manifiesto que Arthur Fleck es un hombre quebrado, un paria de la sociedad al que le tocaron todas las cartas perdedoras en el reparto del destino.

La única cualidad de este perdedor es una risa descontrolada que se manifiesta en los momentos más adversos.

Pese a que Fleck muestra cierta iniciativa propia es incapaz de dotar a su vida y la de su madre, Penny Fleck, de la tan añorada estabilidad social. Arthur Fleck no es una víctima del sistema, está a merced del sistema.

Todos estos atributos que conforman al personaje de Arthur y que lo guían hasta su conversión en el Joker son un amalgama de influencias recogidas por Phoenix y Phillips y desmenuzadas en pequeñas pistas, como si de los trocitos de pan que llevan a Hansel y Gretel hasta casa se tratara.

El rostro en el espejo, el reflejo de Chaplin como si fuera el santísimo patrón del cine. Chaplin era el gesto, la mímica, el corazón. El Joker de Phoenix es la carcajada de un demente, la sorpresa terrorífica y la última broma asesina. Pero la conexión es latente mediante el juego de pares y contrarios: en el arranque se nos presenta como un vástago sin talento, mientras una lágrima (¿la última de humanidad?) cae por su mejilla.

Arthur Fleck contempla a Charles Chaplin en “Tiempos Modernos” en un teatro atiborrado de ricachones mientras el lumpen protesta en las puertas del edificio. Pero aquí Arthur es un equilibrista que hace tiempo que cayó por el precipicio y está a punto de terminar la función con un cierre que jamás pudo soñar, dibujando su sonrisa eterna con los índices de sus manos y con la sangre que mana de su presentación oficial. Una puesta de largo inspirada en el cine mudo que la ciudad de Gotham jamás podrá olvidar.

 

Rock the Gotham

Todd Phillips construye su narración con sencillez, sin artificios. Como telón de fondo una ciudad que está al borde del abismo, que vive sumergida en el final de una era. Una ciudad que es un ente vivo gracias a los perdedores como Arthur y así lo hace saber el realizador, asociando cada uno de los planos de la cinta a Gotham. Su rostro, capturado mediante cerradísimos primeros planos, es el de un ser que ha sido devorado por una súper-urbe y mediante terapia esta lo ha vomitado sin ayuda de anestesia ni de barbitúricos.

El cuerpo de Arthur, con su extrema delgadez, no puede esconder las miserias de su pasado, casi como si un lazo invisible lo atara a Gotham City, como si su columna vertebral y sus omoplatos que sobresalen de forma horrenda fueran la basura infecta que invade las calles de la ciudad.

Solo cuando el Joker toma conciencia de si mismo Todd Phillips se atreve a retratarlo en una sugestiva cámara lenta, mientras suena el “Rock & Roll” de Gary Glitter, el tema más festivo de una selección que reafirma que cualquier tiempo pasado fue mejor y, a su vez, sirve a la perfección para escenificar una evidencia: el Joker disfruta matando. Y es que como decía al principio esto no se trata de la génesis de un héroe clásico o un anti-héroe. El Joker no puede ni quiere ser salvado, su único plan es reír hasta el final

Por Sergio F. Fernández

 

 

El Joker de Joaquin Phoenix ruge desde Venecia

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